jueves, enero 26, 2006

"¡Ayudame Freud!"

Tengo miedo.
Ya la otra semana entro a estudiar y tengo mucho miedo.
Supongo que me encontraré al Lord y sencillamente no se que voy a hacer...
Supongo que me encontraré a mi mismo reflejado en el Lord y no se que voy a hacer...
Aun siento que tiene algo mio y que no he recuperado todavía...
Los sueños... corrijo... las pesadillas que me visitan en las noches así me lo confirman; sigo incompleto.

Siento que necesito algo...se me ocurre que tal vez sea esa pequeña cosa loca a la que le llaman amor.
Siento aun esa sensación de vacío cuando veo en los almacenes mis brazos ortopédicos y cierta atracción por ellos me seduce. Aun tengo extremidades de plastico sobre el lugar donde algún dia tuve mis brazos... siento aun esa molestia que me produce el ver a los demás abrazandose, acercándose, tocándose sin dolor y conteniendose con sus propios brazos...
Este es el lamento de un desbordado, ya me siento como un personaje de Tim Burton.

El miedo ha llegado a mi Baticuarto y se ha hospedado como un bulloso visitante. Hemos hablado ya un par de veces y siempre llegamos a la misma conclusión; me necesito.
Por las noches regresa a mi cama y se sienta junto a mi. Luego de darme un beso en la frente de buenas noches y de decirme "que Dios te bendiga", eleva su mirada al cielo y me pregunta; ¿Qué sabes de tus brazos?... y entonces le respondo lo mismo que contesto desde hace tantos años; ¿qué hiciste con ellos?.
Mientras me quedo dormido me cuenta esas historias cargadas de su humor agudo y mordaz... se burla de mi con total cariño, me quita las protesis de mis hombros y las pone a un lado de la cama.

Ahora su presencia se hace más insoportable. Cada día habla con más fuerza y arroja comentarios sin consideraciones.
Cuando regreso de la calle suele preguntarme; ¿ya los traes contigo?... dejé de contestarle depues de un mes. Odio la gente monoemática y patéticamente predecible. Mi miedo es así, suelo verlo venir desde varios metros de distancia, incluso cuando no lo veo; puedo olerlo.

Me dice que se irá muy pronto, y que todo depende de mi. Sólo yo puedo darle un lugar en algún sitio de mi mundo, por eso en este momento compartimos el mismo cuarto.

¿Qué pasa con el Lord?, me comenzó a preguntar desde anoche. Aun no tengo una respuesta medianamente ágil para devolverle.
Ahora está sentado junto a mi. Juega con la coneja y le canta melancolicas canciones de cuna que me arrugan el corazón. Suelo gritarle que se calle y aunque cierre la boca, sigue tarareando con un hmmm su melodia.

Cada dia que pasa lo entiendo menos, me entiendo menos. Me siento más alejado de mi propio eje, me siento más rasgado.

Tengo un miedo atravezado en mi pecho, parado junto a la puerta de mi cuarto.
Esta tarde, al llegar sentí que algo caliente y espeso salía de mi pecho. Mi alma estaba sangrando.
-¿Qué tienes ahí?- me preguntó tan pronto me vió.
-supongo que es otra herida, una más no me hará olvidarte- le contesté.
-esta es diferente- expresó con las cejar arqueadas, -aun tienes incrustada en tu pecho el arma con la que te hirieron- agregó señalando con su huesudo dedo.
-Es una flecha- contesté al ver de lo que se trataba. -He visto estas en otras personas- dije indignado.

Tengo miedo de haber sido herido por esa letal flecha cuya punta estaba infestada de veneno...
Tengo miedo de haber sido atacado por ese ser de apariencia humanoide al que le llaman cúpido.

Ahora mi miedo tiene miedo de esto.
Acabo de escucharlo gritar -¡¡Ayúdame Freud!!-

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