martes, noviembre 28, 2006

"Las mentiras que mis padres me dijeron 2"


"Naranja pública- Murcielago azulado
(y a- su- lado)"

Cuando yo aun era un tierno niño ñoño,
Mientras estudiaba en el colegio… data de hace ya varios años…
Más exactamente mientras cursaba la primaria…

Fui victima de una constante amenaza…
Mis padres me decían que si me tiraba el año
O si me iba muy mal (pero no lo perdía),
Me sacaban del colegio
Y me metían de narices a una escuela pública.

Ahora que lo pienso…
Ahora que escucho a mi Naranja, que
Estudió en una escuela
A la cual ama con el alma
Y donde vivió cosas hermosas,
Que yo no viví en un colegio privado
Me detengo y me pongo a pensar,
Quizás, mi vida habría sido diferente
Habría aprendido de humildad,
Me lamentaría por otras cosas
Y no por lo que ahora me quejo.

Ahora comprendo que, lo que para mí antes era un castigo,
Para muchos otros fue una realidad,
Aunque no hubiesen hecho nada malo.
Aunque no lo merecieran.
Aunque para ellos no fuera un castigo.

Esto me hace sentir vacío,
Superficial, “nene cuna de cristal”.
Algo imbécil y otro tanto acomplejado.
Quienes estudiaron en una escuela no merecían ser
El coco de mi infancia.
Y yo no merecí que me consideraran como un emperadorcito
digno sólo de colegios privados.

¡Pero como es la vida!
A tiempo me di cuenta.
La felicidad no la conocí en un colegio privado…
La conocí en alguien que se educó en una escuela pública,
Y que nunca supo de amenazas, premios ni castigos…
Alguien de infancia libre y feliz,
Una Naranja que no fue educada con la campana de Pavlov.

Mi Naranja es una “muy buena persona normal”.
Me ha enseñado, entre otras cosas de humildad,
De valor, sentido, lucha, sacrificio,
Entrega, dedicación, disciplina, méritos,
SENCILLEZ, calidez,
Y sobre todo; de amor.
Esto, quizás no lo aprendió en su escuelita
Pero sí en un contexto familiar donde la realidad del prójimo
No era tomada como un castigo…
Digo, una familia donde el valor privado no era un premio o un castigo
Y donde primaban otras preocupaciones, más humanas y menos capitalizadas.

Mi Naranja creció y vivió bonitos días en su escuela.
Yo, en el privado bilingüe no.
Ella tomó su tono entre rojo y amarillo, cálido y fogoso.
Yo tomé el gris azulado, frío y opaco.
…En Principesca Naranja se convirtió para un cuento de hadas lleno de color y luz.
…En el Batichico azulado me convertí para un comic oscuro y laberintoso lleno de héroes y villanos psicóticos que habitan en el espejo. En mi propio espejo.

Lo bueno es que finalmente apareció con su sabor y vitaminas para mi vida y salud.
Apareció y me enseñó muchas cosas
Entre ellas a recuperarme de aquellas heridas
Que con mentiras me causaron…

Ha sido una bonita e importante lección para mí,
Por eso trato de recordarla cada vez,
Cuando se me sube la anilina azulina
A la sangre de la cabeza.

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