domingo, enero 21, 2007

"Cenizas"


Yo soy así. Llevo algunos años tratando de acostumbrarme, pero ya ven, no termino de conocerme.
Conservo muy pocos amigos del colegio, y en su gran mayoría eran de otros grados diferentes al mío.
¿De donde creen que viene mi mala junta con contemporáneos de mi edad?¿De donde creen que viene la química que tengo con personas tanto mayores, como menores (en edad)?... ¿Donde ocurrió la tragedia que le dió origen a este súper héroe de urbe?¿Donde mi camino se cruzó con el donante de mi destino?... ahí, en ese mismo lugar, el mismo de antes, el del principio... el colegio. Y ahora, sus representantes, los rostros que solía ver los días más oscuros de mi vida me han hablado de nuevo. Que mal- estar.

El origen de este malestar recobró vida el lunes pasado, cuando revisé el correo antes de irme a la Agencia y oh sorpresa, mis antiguos compañeros de clase están organizando una reunión de re-encuentro. Al leer esto, mis intestinos cambiaron de lugar. La reacción de mal- estar fue inmediata.

¿Qué pasa, Batichico?, se preguntarán algunos de uds, y si no, pues entonces les presto la pregunta. Me pregunté lo mismo, ¿Qué pasa, Batichico?
Ese malestar fue el preambulo de una gran molestia de caracter existencial.

Al llegar a la Agencia, fui hasta el computador y me puse a hacer lo que tenía que hacer. Trabajar. Ocupar la cabeza en cosas más importantes que mis antiguos compañeros de clase y así lo hice, hasta que llegó ella...

La Malparidez existencial ya era crónica y estaba haciendo mucho ruido por dentro. Tomando en cuenta esto, dejé por unos minutos lo que estaba haciendo y atendí mi mal- estar...

Lo primero que me vi en la necesidad de aceptar fue la molestia que me causó recibir esta noticia. Admito con esto que no me alegró en absoluto la noticia. Fue desastrozo. Fue como sentir de nuevo la proximidad de ese pasado, de esos días de los que tanto me alegro estar lejos.

Pensé entonces en mi presente y en mi futuro, el que estoy construyendo en este momento. Pienso en la Naranja y sonrío. Me doy cuenta de lo bien que estoy, en el camino que elegí y que gozo con buena fortuna. Pienso en mis amig@s, en tod@s y cada un@ de ell@s. Sonrío de nuevo. Pienso en mi querida Ponti, mi U, lo que viví ahí... y con gente de ahí, pienso en mi y lo que he logrado. Estoy feliz.

Pensar en lo que ellos, mis antiguos compañeros de clase me representan no me pone feliz. Por el contrario... preferiría no pensar en nada que los relacione. Los respeto y valoro por la estimación que tienen por hacia mi, pero ya ven, no me gusta decirme mentiras. Preferiría estar en un recital privado de Paulina Rúbio o en una clase con la Momia Azteca antes que en una reunión de re-encuentro con ell@s.

Tomando en cuenta mi sentir, hablé con Camila, mi compañera de trabajo y le conté lo sucedido y lo inspirado. Ella me dijo algo que es muy cierto y que no había visto. La idea es más o menos la siguiente: ... "Uno cuando está tan metido en este cuento de la exploración de uno mismo, conociendose, permitiendose y viviendose, se da cuenta de algo... uno se vuelve intolerante y algo exigente. El punto es que uno ya sabe a qué se le mide y a qué no, qué le aporta a uno y qué no, que es bien y que es mal, y así mismo como uno ya tiene un poquito más agarradas las riendas de uno mismo tiene criterio para decidir qué hacer. En algunos casos uno hasta evita algo que le parece medio maluco o que uno reconoce que definitivamente no va con uno".

Yo ya lo decidí. No van más conmigo. Fueron 13 años y en su momento me aportaron. Ahora no me quiero reunir con ell@s para exponer qué hice con mi vida los años siguientes y para escuchar sus cosas. Me declaro intolerante al respecto. Además, tengo la certeza de algo: las personas a las que de verdad me gustaría volver a ver y compartir con ellas, no están invitadas.
Con ell@s aún hablo eventualmente por Msn, a otras le perdí la pista.

Algunas personas critican mi posición, pero ya ven, no conocen mis verdaderos motivos para tenerle aversión a quienes representan mi pasado. Lo siento mucho, pero mi lugar nunca estuvo con ell@s. De hecho, jamás me encontré. Tan sólo me perdí más y más.
Lo importante para mí es encontrarme y comencé a hacerlo en la universidad.

Terminando mis reflexiones aquel lunes, y antes de regresar al trabajo, comencé a pensar en todas aquellas personas que hicieron parte de mi re-ensamblaje. Ahora trato de agradecer a quienes fuern parte de esta experiencia reconstructiva y aunque quiera nombrarl@s a tod@s, me quedo corto. Por efectos de economía reuniré en algunos grupos como liderazgo, teatro, literatura fantástica, inductores, mediadores sociales, de corredores, de clases, de almuerzos en la cafetería, de la liga, de estadística y tantos otros espacios... a quienes estuvieron ahí durante estos últimos años, escuchandome decir: "Hablamos luego, tengo terápia".

Estos son mis amigos. Los que yo mismo hice. Los que conseguí en la universidad y durante esos años, en otros escenarios. Yo me permití escogerlos, yo mismo los acepté y me permití ser aceptado por ellos.
A los que se van a reunir despúes de siete u ocho años de habernos graduado tan sólo les deseo la mejor de la suerte. Espero seguir encontrándomel@s en un bar, en unicentro o por ahí... es apenas un momento lo que duran estos encuentros. Lo suficiente para mí.


A los demás, ya saben, pongan la señal del Batichico donde yo la vea y por ahí apareceré...

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