sábado, septiembre 13, 2008

"Espacios Vacíos"

Hace algún tiempo realizaba un ritual todas las noches antes de irme a la cama.
Bajaba al patio de mi casa, abría la reja de madera que separaba el patio del resto de la casa y llamaba a mi coneja Tambora, quien solía estar por fuera de la casa hasta tarde.
Guardaba el traste de su comida y agua en un corredor contiguo al patio y después la invitaba a entrar.

Una vez entraba, me sentaba a su lado y ella saltaba a mi regazo... y eso batsaba para conectarme con mi Yo más interior...
No sé muy bien cuál era la conexión, el caso es que mientras acariciaba mi coneja llegaba a reflexiones y lugares del día a los que no llegaba de ninguna otra manera. Era la ruta, el conejo que seguía cada noche para llegar hasta esos espacios que entre las líneas de mis días. Era mi comunión con la y mi Naturaleza, con alguna idea de espiritualidad, quizás algún dios o cualquier otra clase de concepto. Era mi espacio y tiempo sagrado.

Fue en ese lugar donde descubrí la principal razón de mi presente, el sentido que el dolor tiene para mi y quien estaba detrás de todo... mientras pasaba mi mano por el suave pelaje de Tambora recordé que cuando era niño una persona muy significativa de mi vida había muerto para darme vida, y un sentido. Había olvidado este episodio por puro dolor. Lo había olvidado por pena y con mis más grandes deseos de asegurar que había muerto para siempre y esto me dejaría de doler algún día.

Esa noche dejé a mi coneja y caminé con mis ojos cargados de lágrimas hasta mi cama donde lloré como cuando era niño... lloré sin entender como cuando era niño... lloré como un niño.
Días después llevé esta experiencia al Mándala, otro de mis espacios donde era yo más que nadie, atendía, curaba mis heridas, remendaba lo que podía remendarse y aceptaba lo que estaba roto y no podía remediarse.


"Separarse de la especie
por algo superior
no es soberbia es AMOR.

Poder decir adiós
es crecer."
Cerati

Con el cambio de casa tuve que dejar a mi coneja en casa de mi abuela, dejando además ese espacio íntimo de reflexión, comunión e intercambio con mis universos internos. En esa misma casa dejé mis juguetes... y quienes me conocen saben del número de juguetes que hablo... ¡¡¡una cifra realmente incontable!!! (Con el cambio de casa tuve que dejar esos símbolos físicos de elementos muy míos. Dejé las vasijas de plástico que YO mismo cargué de simbolismos y representaciones.)
Con el cambio de ciudad tuve que dejar el Mándala en Cali, dejando además ese espacio de atención, reparación y reconstrucción de mis universos convergentes.

Supongo que con estas despedidas he crecido un poco más. Y con estos dos espacios-rituales he dejado otras cosas de niño que me hacían ser débil, pequeño, inmaduro y dependiente.
Con estas separaciones he dicho adiós con mucho amor. He aceptado que no todo dura para siempre y por lo tanto, me permito crecer.

Ahora la tarea es otra. Considero que debo comenzar a crear mis espacios-rituales más acorde con mi edad y momento de vida actual. NO HABLO DE UN CRECIMIENTO ACORDE A LOS LÍMITES IMPUESTOS POR LAS INSTITUCIONES HUMANAS. ¡No!, hablo de un crecimiento personal y acorde a mis valores y aprendizajes. Hablo de ser un hombre alto de 25 años de edad, profesional, tonto, narcisista, extrañamente tímido, amante, irreversible, un adulto joven con rasgos limítrofes, un niño con la energía del justo y orden creador, guerrero en camino hacia su propia autodisciplina y acción, un duende que lee la magia de la vida, un mago transformador con tantas cosas aprendidas (y tantas que faltan) que aun ve caricaturas, compra comics, juguetes, recoge y cura animalitos de la calle y sigue siendo un hombre a pesar del machismo y sus instituciones.

Algo que me encanta de mi vida es que no todo se pierde, sólo se transforma. Como la energía.
Quizás hace rato uno de mis espacios-rituales dejó de ser una coneja café y pasó a ser una Naranja, quizás ese lugar con el que contaba para tratarme y explorarme ahora me mira, conversa, pregunta, ama, contesta y confronta.

Ahora, un poco por fuera de mis espacios-rituales me conforta la idea de saber que puedo regresar a ellos cuando quiera. Ahora sé que puedo escuchar Radio Gaga, regresar a la universidad, al Oráculo, a casa de mi abuela, a mi viejo cuarto de juguetes, al patio donde corretea tambora, al cementerio, a mi viejo trabajo y al Mándala sin temor a quedarme, perderme o extrañar.

Creciendo, El Batichico.



Dedicado a Mándala

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sin exagerar me alegra mucho que estés bien y que como lo manifiestas estés creciendo...comparto mucho esa idea contigo. Sigue adelante y asegura esos espacios, son tuyos y son valiosos para mi también

MATEO dijo...

un hombre de 25 años de edad, profesional, tonto, narcisista, extrañamente tímido, amante, irreversible, y cura animalitos de la calle y sigue siendo un hombre a pesar del machismo y sus instituciones.

Has crecido pequeño, has crecido