lunes, octubre 06, 2008

"¿Me perdonás si te recuerdo?"


Viene del post anterior...

Después de llevar a una de mis palomas con los ornitólogos, en esa misma tarde fui a una tienda cercana, donde suelo comprar materiales para los collares que hago. Esta vez buscaba algunas piedras para un encargo muy especial.
Llevaba en una mano una bolsa con mi paloma y en el hombro mi bolso vacío. Esperaba cargar en su interior lo que iba a comprar en esa tienda y un supermercado cercano.

Consciente de una extraña resistencia fui al almacén a una hora que detesto, entre las cuatro y cinco de la tarde cuando las vendedoras están agotadas, los clientes que vienen de sus oficinas y los estudiantes con uniforme se pasean llenos de sudor, olores capturados en sus ropas y rostros cargados de agotamiento. Yo era una de estas personas.

Llegué hasta el lugar donde se encontraban las piedras y ahí, por mi lado se escabulló entre la gente una delgada silueta que llamó mi atención de inmediato. Se trataba de una muchacha alta, de larga cabellera roja que caia en una sola cola por su espalda, nariz respingada, ojos grandes y expresivos y un pasado en común.

Ella vestía y cargaba un bolso de muchos colores, con una magia que apenas puedo identificar con la que guardo en el mío y que ahora no parecía tan vacío. Se inclinó y con su delgado dedo señaló algo en el interior de un mostrador, mientras el tiempo se detenía a mí alrededor, el calor desaparecía, el ruido se silenciaba, los olores se desvanecían, miles de recuerdos se agolpaban en mi cabeza, el corazón me palpitaba a un ritmo infernal y me temblaba hasta el segundo apellido.

"Dicen que cuando conoces al amor de tu vida
el tiempo se detiene... y es verdad." (Esta frase continúa...)



Bueno, aclaro que no me refiero a ella como el amor de mi vida. Hablo de ella como ese amor que viví cuando era un niño y no sabía que era eso qué se me movía en el pecho y estómago y me hacía sentir extraño a la vez que me inspiraba muchas cosas. Todo era como un remolino de muchas cosas que giraban a mi alrededor y me hacían sentir muy feliz, aterrado, me inspiraba a salir corriendo muy lejos de ella, a tirar de su pelo, a verla sonreír, a estar a su lado así me asustara tanto y a dejar de ser un patansito heterofófico en los años donde las niñas eran el objeto más aversivo para mí y mis amigos.


Quien creí que era un hada en realidad era Paola, la misma niña pelirroja y de nariz respingada que mencioné en mi post anterior. Esto sucedió un par de días después de traerla de mi corazón a la memoria y ponerla en mis palabras. Quizás la llamé con mi mente y le dije: Ya nos podemos encontrar de nuevo. Estoy listo para verte.

En silencio la miré por unos cuantos segundos, mientras reunía el valor que acumulé en todos estos años. Decidido avancé hasta ella y la llamé por su nombre completo. Ella se levantó, me apuntó con sus pupilas de colores inclasificables y me adelanté a recordarle quien era yo.

Nos encontramos. Después de tantos años tuve que recordarle que yo era aquel niño que había dejado con el colegio. Le recordé además que los años habían pasado y habíamos crecido, que yo ahora era El Batichico-psicólogo-duende-escritor y ella una hermosa diseñadora pelirroja y de nariz respingada.

Sonreímos. Intercambiamos algunas palabras en medio de una breve convesación enmarcada por mi nerviosismo. Teniéndola cerca hubo cosas que no me atreví a mirar en sus ojos y respuestas que no quise conocer. Por primera vez en tantos años este cazador de reliquias experto en el arte de la búsqueda y persecución de los miedos propios decidió detenerse frente a alguien para darle espacio al tiempo y tiempo al espacio.

Hablamos de lo que había sido de nuestros días después de la separación de nuestros caminos. Hablamos un poco de lo que ahora somos y entre líneas le dejé ver que la extrañé todo este tiempo. Mientras mi cuerpo temblaba, algunos seres de mi memoria donde permanecían más recuerdos de nuestro pasado se comenzaron a revelar.

Traté de contenerlos, pero eran tantos de ellos contra uno de mí, que terminé por dejarlos escapar. Al final ellos también enmudecieron, y a mi lado se detuvieron a observarla con detenimiento. A algunos de ellos les costaba creer que era la misma que traían en los recuerdos. A otros les pareció increíble que de buenas a primeras y después de evocarla en una cuantas palabras se hubiese materializado.

Entre incrédulas, rabiosas, olvidadas, gritonas y autenticas manifestaciones de mis contenidos, entre silencios y secretos los guardianes de aquellos recuerdos regresaron con timidez a sus lugares en mi memoria. Me dejaron solo de nuevo frente a ella, a quien me enfrenté con humildad por todo lo vivido y recordado en la distancia.

"...Lo que no dicen es que cuando se vuelve a poner
en marcha, lo hace aún más rápidamente
para recuperar lo perdido." Daniel Wallace

Daniel W, autor de esta frase y el libro "Un Pez Gordo" tenía razón. De pronto el tiempo regresó a su movimiento a mí alrededor, los recuerdos en mi cabeza se cruzaban con cierta -cómplice- secuencia, el calor regresó y hasta mi segundo apellido dejó de temblar. Ahora sudaba. Sudaba mucho. Grandes gotas caían pesadas de mi cabeza y chocaban con mi ropa y el suelo. Me dio vergüenza que me viera así, confieso que no era el estado en el que me habría gustado re-encontrármela.

Tiempo después me retiré con la excusa de "encontrar lo que había ido a buscar". Ocasionalmente nos encontramos en el almacén y seguíamos hablando. Fue así hasta que ella me buscó, me dio un beso en la mejilla y nos dijimos hasta pronto.


Nos despedimos. No recuerdo si compré lo que fui a buscar. Salí del almacén mucho después de ella y al hacerlo le dije en mi mente: -Fue mejor así. Mi vida y yo hemos cambiado mucho después de nuestra última conversación cuando éramos pequeños: yo un niño que no la sabía tratar y ella una niña bonita con cabellera roja y nariz respingada.-

Crucé la calle con mi bolso en el hombro y la bolsa con mi paloma en la mano.
Camino a casa le conté en mi cabeza lo que había sido de mi vida: Le dije como habían sido mis días después de su partida, a quienes -con importancia- había conocido, le hablé de mis amores platónicos, de mis amores de corredores y descansos, y de mi Naranja.
Le hablé mucho de mi Naranja. Le dije qué me tiene tan enamorado, le compartí mis planes personales y profesionales y le prometí un personaje tan hermoso como ella, con el pelo rojo y la nariz respingada.
Le confesé también cuando y como, hace pocos meses, descubrí que la quería y no lo sabía.

Llegué a casa. Antes de entrar me detuve, miré por el balcón en dirección al camino por el que acababa de llegar. Sonreí. Agradecí por el encuentro y la magia que no me abandona, entré a casa y regresé a mi vida, a mi presente con una dosis importante de inspiración que tardé en asimilar.

Por cierto, olvidé pasar por el supermercado...

Porque fue y es alguien importante,
A ella comparto y dedico este Post.
A quien siempre quise y nunca pude amar...
A pesar de todo y por todo,


El Batichico

5 comentarios:

MATEO dijo...

Me dajas sin palabras. Muy chevere

MAREÑA dijo...

Definitivamente eres un ser humano extraordinario, me encanta como te expresas, muy fresco, la verdad cuando es muy larga la entrada me da pereza leer pero tú vas llevando el hilo y uno quiere terminar el texto para saber qué pasa, me quedó la inquietud, haces collares? tuve un tiempo que hice pero me quedé con las manualidades, si entras a mi blog busca mis artesanías

batichico dijo...

Gracias Mateo,
Gracias Mareña.

Los extrañaba por estos lares. Siempre es grato saber que alguien sigue mis historias y más aún cuando me hacen saber que causó al menos un efecto.
Ésta ha sido una hermosa experiencia que espero vivir de nuevo. Cuando suceda, serán los primeros en saberlo.

un abrazo para los dos!

pd- Mareña: sí hago. Hago muuchas manualidades en mis ratos libres y por lo general porque me las encargan.

Anónimo dijo...

¿Me perdonás si no te olvido?

Durante mucho tiempo fuimos los mejores amigos, pero siempre que se fijaba en mí, sentía como si me fundiera con la miraba. Casi toda la vida dudando de si era asi lo que yo entendía.

Años después nos encontramos en la pista de baile; dijo: "cambio de parejas" y me tomó en sus brazos. Deslizo su mano por mi espalda con infinita ternura, me miro como antes y sólo dijo: "mi eterno amor secreto" puso un tierno beso en mi mejilla y sonriendo agrego nuevamente en voz alta: "Cambio de parejas".

Y yo... deje de dudar en lo que entendía.

batichico dijo...

wow,...
sin palabras...
si existe el destino, creo que tiene un particular sentido del humor. Bastante negro, diría yo.
Un humor que limita en lo cruel, en la injusticia, en lo cínico y a la vez en lo fantástico. Ya lo ves, ya lo viviste; la vida está llena de magia escondida en esos detalles.

...un abrazo y muchas gracias por compartir tu experiencia!!!...