sábado, marzo 13, 2010

"Un pedazo de mi hogar"

Decía en un mensaje a mis amigos que en una noche capitalina me sucedió algo curioso.

Pasaba por un puente peatonal, de pronto me detuve. Miré a mi alrededor y no reconocí a nada ni a nadie... vi caras, caras, caras, luces, calles, carros, vi muchas cosas, ninguna conocida. Los rasgos de esas personas me eran desconocidos, esa ropa, esos modos de caminar...
Sentí algo en el pecho y corrí sin saber a dónde iría a parar. Terminé en un almacén que estaba del otro lado del puente. Al llegar me detuve y miré a mi alrededor. Encontré un lugar donde vendían pandebonos. Compré uno para probar si en efecto eran de verdad y luego de comprobar que sí sabia a pandebono compré otros más.

Fueron los pandebonos más caros de mi vida, pero la distancia y la añoranza me disminuyeron el malestar por el precio que pagué. Y no me arrepiento, se trataba de un pedacito de mi hogar.

Me senté en las escaleras de la entrada del almacén. Me comí un par de pandebonos a palo seco, saboreando cada mordisco como si fuera el último. Cada pedazo que saboreaba en mi boca me supo a GLORIA: a mi casa, a mi ciudad, mi gente, a esa brisa que baja por las tardes, al calor, al sol pegando sobre la calle quinta, a Blanco y Negro, a Pance, a la panadería California, a gente amable y cálida, a vida... a mi vida.

Me olvidé de lo demás. En ese instante sólo me conectaba a un nivel superior de mi existencia a través de lo que masticaba en mi boca, de la masita caliente que sostenía en mis dedos y el olor a quesito que entraba por mi nariz.

Ahí, en medio del nirvana pensé en mis amigos y en mi familia. En cuanto los extraño. Y pensando una vez más en el precio de los pandebonos, y de cada cosa concluí que estoy aquí, lejos, cumpliendo mi proyecto de vida, cosa que no tiene precio.
Guardé los demás pandebonos en la "chuspa", me levanté y me fui tranquilo sintiendo que mis seres queridos y mi ciudad siguen ahí para mi, y yo para ellos.

Gracias por pensar en todos aquellos que estamos lejos,
Gracias por dejarse llevar en el corazón.
El Batichico.

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2 comentarios:

MAREÑA dijo...

Mi querido amigo eso lo viví hace 30 años pero al contrario. Sé exactamente lo que sientes, te sientes extraño en tu propia tierra que a pesar de ser media hora en avión las diferencias son muchas, pero sabes el pandebono que hacen en mi tierra NO es igual al de acá...pero encontraste un pedacito de tu Valle lindo como yo he encontrado un pedacito de mi Bogotá acá en el Valle,pero lo más importante es que nos cobija una sola manta y me salió el patriotismo:COLOMBIA, ESTEMOS DONDE ESTEMOS VIVAMOS FELICES, disfrutando cada segundo como el comer un pandebono muy caro en la capital....

Javier D dijo...

Cali sigue aquí al igual que las personas que te apreciamos. Ánimo que ese tiempo en Bogotá te acercará aún más a hacer realidad tu sueño de publicar, pues YA eres un escritor. Y pues como decimos en el parchecito: Nos queremos!!