martes, agosto 03, 2010

"El Coco debe morir"




He de reconocer que soy de mecha corta frente a ciertos aspectos de mi vida que considero entre sensibles y terriblemente sensibles, y que mi pecado capital es la Ira. Pues bien, en esta noche dichos elementos se han unido a un tercero: una sensación de quebrantamiento en mi pecho.


Acabo de hablar con mi hermano. Entre muchas cosas me dijo una que me dejó conmocionado. A mi sobrina mayor, un ser indeseable, una prima más grande, la está asustando con el Coco. Según mi hermano, la nena dice: "Papá mieo coco". 
No me imagino su carita de terror, ni lo que puede llegar a sentir luego de escuchar esas historias. Me hierve la sangre al ver que no estoy allí para demostrarle a esa mini-talibán que puedo llegar a ser mucho peor que el coco si no se calla. Entre tanto, me surge el inmenso deseo de proteger a mi nena de ese tipo de personajes. 

En este punto me congelo. Viéndome desde afuera me reconozco como una de mis tías. Me quiero tirar a un hueco en la tierra. Siempre las critiqué por su desmedida protección hacia mi, ahora las entiendo. Ahora, como ellas siento el deseo de proteger a alguien a quien amo y que está iniciando su recorrido por este mundo. Las entiendo a cada una de ellas por primera vez. La impotencia, las ganas de ser omnipresente y de tener mucha fuerza, un campo de fuerza alrededor de mi nena, y aquella mirada aguda y puntiaguda sobre quien la asusta. 

¡Mi sobrina ya está escuchando cuentos del coco! y yo tan lejos con tantos cuentos bonitos que contarle. Me enoja no estar allí. Esta noche, en el papel y a distancia me enfrentaré al Coco. Libraré una batalla bárbara donde espero darle un merecido lugar. Así mismo, tendré una conversación con esas tías internas con las que tanto discutí (hasta ayer). Creo que les pediré disculpas. El amor puede descontrolar. 

Continuo mi recorrido mental que esta vez me obliga a detenerme en una nueva estación. Con la cabeza más fría lo pienso bien: el Coco es necesario.
De no ser por él muchos niños y niñas estarían sin control por ahí, recorriendo caminos prohibidos en lugares habitados por lobos feroces, trolls, brujas, ogros, gigantes desalmados, demonios, duendes rencorosos,  caballeros grises, viejos cretinos o curas pedófilos. En este sentido el Coco resulta ser un aliado. El mejor de todos.


El Coco como forma de "control" es al menos útil. No estoy de acuerdo con la utilización del miedo como mecanismo de control (para eso está el gobierno), y mucho menos en niños. Es vil. Digo que se puede usar en un medio seguro, donde quepa la posibilidad de enfrentar y "hacer algo" por ese miedo.

¿El Coco debe morir?, en este punto considero que no. Digo que si le vamos a hablar a la nena del Coco, le hablemos también de espadas que lo puedan lastimar, palabras mágicas para pedir ayuda, un dinosaurio come-cocos que tiene que domesticar primero o fórmulas que estén a su alcance para alejarlo. El Coco debe vivir, pero del tamaño que es y con la fuerza que se merece para no dejar a mi sobrina desvalida ante él. 


Vale, y si la primita sigue asustando a mi sobrina con el Coco, la niña va a desear conocer al Coco de verdad porque creo que soy mucho peor enojado y más aun cuando se meten con mis sobrinas. 

Del Coco me encargo yo.
El Batichico.




*La tira es de Liniers



4 comentarios:

Mauricio Montoya Gil dijo...

Andrés, como siempre me dejas sin palabras. Sobretodo me gustó la tira, pues me puso a pensar en los que monstruos que se murieron de aburrimiento bajo mi cama esperando que les prestara atención. Gracias por el tiempo que inviertes al compartir esto.

batichico dijo...

gracias por tu comentario, amigo.
Ya ves, si te hacen falta los monstruos basta con que pases una escoba, un trapeador debajo de tu cama y vuelvas a hacer de ese sitio un lugar habitable. Llegarán nuevos esta vez.
Gracias por tu tiempo para dejar este post!

Martha Isabel dijo...

Esta herrrrrrrrrrrrmooooooooooooooso!!! Nunca pensé en los alcances del coco, ni en la necesidad de su existencia! Yo tuve pocos encuentros del tercer tipo con este sujeto porque mi mamá era una abanderada de la frase: No le digan esas cosas a la niña! Y así fue.
Te quiero.

Tia Preferida dijo...

(\__/)
(=':'=)
.°°°°
.... .... me identifico plenamente con ese rol de tía ... de hecho considero que soy la Tía Preferida y ese título nadie me lo quita. Cuando mi sobrinita estaba cumpliendo 3 años (ahora su estatura fácilmente le coquetea a los 1.70) una de sus invitadas a la repichinga quien tenía su misma edad, en un acto espontáneo y natural, se agarró de su bracito con dos de sus dedos, .. no... con dos de sus uñas, sin inmutarse y sin intenciones de soltarla. Mi nenita solo hizo un gesto de dolor y de asombro ante el repentino e inusual "toquesito" de amistad, y dejó salir un tímido aay que escuché como si estuviera haciendo uso de un amplificador poderosísimo. En tres saltos atravesé el salón en medio de las caras desconcertadas de las mamás de otros niños y niñas de 3 años que se encontraban en ese momento en el ejercicio de demostrar en ordenados turnos que las historias de sus nenitos eran siempre más maravillosas que las historias de sus contertulias. Levanté a la agresora hasta tener su rostro frente al mío y le dije con toda la claridad que una frase corta, elemental y precisa permite y con todo el énfasis que mi mirada "irónica" le podía transmitir en pleno: NUNCA vuelvas a pellizcarla ... ! ! ! La bajé y regresé lentamente a mi silla en medio de la mirada aterrada de todos los niños y mamis de la reunión. El silencio que se vivió por unos segundos, creo que menos de un minuto, es uno de los silencios más satisfactorios de mi vida. Al día siguiente mi cuñada, con toda la delicadeza que intencionalmente pudiera producir, me dijo al respecto: Todos los niños pelean y se vuelven a contentar. No respondí nada pero de nuevo el placer que me trajo el silencio del día anterior llegó a mi mente acompañado de la sentencia: "que nadie se meta con mis sobrinas"