lunes, agosto 16, 2010

Foto 3. Una foto que te hace feliz


En los años en que los niños preferían a los niños como amigos y las niñas a las niñas, mi grupo de amigos y yo ya adorábamos a estas nenas. Eran tres: la castaña, la pelinegra y la pelirroja. Mis ángeles de "Chicué", mis musas primigenias, mis amigas de siempre. 

Nuestro camino comenzó cuando teníamos cinco años de edad. Juntos, como "invitadas especiales" en nuestras aventuras diarias compartimos grandes momentos, algunos cumpleaños y otros hechos que nos marcaron. Dos de ellas se separaron  de nosotros post la hecatombe desatada por la bruja de turno, nuestra profesora de cuarto y quinto. La otra nos acompañó dos años más y luego otros dos desde otro salón. De ninguna me despedí. Primero porque nunca supe (en su momento) que nos separaríamos y segundo porque estaba ocupado atendiendo mis propias reparaciones. 

Pasaron muchos años de un pronunciado silencio. Luego, y gracias al Facebook, una a una las fui encontrando. No importó que nuestros caminos tomaran rumbos diferentes. Desde Cali, otro colegio, otras universidades, otro país, otro continente, nuestros lazos bastaron para unirnos otra vez y darnos ese abrazo que quedó pendiente. 
Con sólo dos de ellas nos encontramos de nuevo para celebrar nuestro re-encuentro, a celebrar por la vida, por rebelarnos a ese camino que un día nos separó, por nosotros. 

El cariño no fue el mismo de siempre. Fue mayor. 
Con gracia recordamos aquellos años en los que los niños andábamos con los niños y las niñas con las niñas, cuando mi clan de amigos y ellas no teníamos problema alguno en encajar. No eramos diferentes, no eramos iguales, eramos amigos. Benditos amigos. 

Fue emocionante verlas de nuevo y recordar entre risas y nostalgia todo lo que nos sucedió. Por nuestra mesa de encuentro pasaron los momentos de nuestra infancia, nuestra feliz infancia, y también los de nuestra separación. Me costó reconocer que el momento en que ellas se separaron fue doloroso. Si algún poder me ha dejado la resiliencia es precisamente el de asumir que lo pasado pasó y que lo importante es el aquí, el ahora y el "de ahora en adelante". 

Me encantó verlas y llevarlas a un poco de lo que es mi mundo hoy en día. Me encantó presentarlas como "mis amigas de siempre" y ver como encajaban con las personas que hacen parte de mi presente. En medio de la reunión me aparté varias veces en silencio y me hice a un lado desde donde las observaba con detenimiento, en mi mundo, siendo ellas, siempre ellas. 

Lo fascinante no fue verlas más grandes. Fue encontrarlas con gran sabiduría. Niñas grandes, llenas de valores, historias, aprendizajes, poderosas. Sonreí al reconocerlas así, al escucharlas hablar como mujeres que corren con lobos. No brujas, ni sirenas, ni divas, ni amazonas ni mujeres que disfrazo con metáforas. Mujeres como las que me gusta tener a mi lado. Ya veo dónde comenzó esta alta exigencia que le hago al género femenino. 



Entendí que siempre me unió a ellas ese espíritu rebelde. esas ganas de vivir y gozar la vida a pesar de lo que fuera, de la bruja de turno, de los sistemas. Que siempre, lo que importa es lo que se lleva por dentro y se estremece con las tripas, al fin y al cabo esas sensaciones estarán con cada quien hasta su último suspiro.  

De este encuentro me llevo un par de nuevas canciones para recordarlas, bonitas imágenes en mi memoria, la plenitud que me da la sensación de recordar que tengo amigas desde siempre.
Y entre tanto recordar se tocó un tema muy especial ¡Mi origen!
Como espejos del alma, estas dos mujeres permitieron que me reencontrara con mi reflejo, que resultó ser casi igual al que dejaron de ver hace tantos años. En esencia sigo siendo intacto, es lo importante. Lo curioso es que ellas me reconocieron mucho antes de que yo lo hiciera. Son mis heroínas. Nunca vieron sangre en mis venas, vieron magia que con el tiempo me costó reconocer. Esta historia no sería la misma sin ellas. 
Reencontrarme con mi origen a través de estas dos mujeres me aclaró el panorama, me permitió reconocer quién soy, de donde vengo y ver para donde voy. Para qué y con qué estoy hecho.

Así que, para allá voy... gracias a estos dos encantos que amo con todo. 


El Diamante en bruto.


-Post dedicado a mis musas, mis ángeles, mis adoraciones: 
  mis Chiquititas de siempre-


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