jueves, agosto 26, 2010

"Luis"

Como Batichico me he topado con varias clases de gatos. Tres antagónicos: Una Gatúbela, un Gatú-bello narcisista de mierda y un gato falso. Y un aliado, un amigo de los mejores. 
Hace varios meses que lo dejé de ver. El Chico-Gato, el amigo desapareció detrás de los brazos de una morena entre apresuradas despedidas. 
El caos de los días y de una vida rutinaria se encargó del resto de la distancia. Se trazó no una brecha, sino un abismo que después recibió un inquietante caudal de silencio. Eso borró las huellas del camino, por si alguno de los dos quería regresar.

Tal vez sigue como guardián activo, tal vez no. A veces aun sueño con él. Entre visitas nocturnas, en un lenguaje incomprensible me mira y le habla. Nunca recuerdo qué me dice, sólo me queda la sensación que me asegura en los huesos que mi amigo está solo.  

A los dos nos gusta el arte. El Gato disfraza sus demonios de música, los viste como actores y los presenta en el escenario. Libera otros cientos en sus espectadores. Yo prefiero las letras, por eso visto mis demonios con palabras y los subo a un blog donde sé, algún día mi amigo los encontrará. Y con este ritual compartido, los dos sabemos que el uno sigue pensando en el otro. Que aun nos recordamos, que nos leemos, escuchamos, queremos y extrañamos. 

Hace un par de semanas, en un sueño, apareció para dejarme inquieto. En esa imagen señaló sus hombros y un tobillo. Hizo un gesto de dolor y desapareció. A la mañana siguiente, y tras averiguaciones comprobé que mi amigo estaba lastimado. El Gato estaba herido. Un accidente lo obligó a hacer un alto en su camino y reflexionar. El camino estaba lleno de piedras, quizás no era la ruta por la que debía transitar. Tuvo que detenerse a pensar antes de continuar. 

Entre oscuridad. A ninguno de los dos nos daba miedo. Ella es amiga. En ella nos encontramos. Hombro con hombro, luchando por nuestras causas. Misteriosos, como un gato, como un murciélago, los dos revoloteamos por cielos, tejados y callejones oscuros habitados por criaturas de la noche. Fuimos héroes, escribimos historias, forjamos leyendas urbanas.
Uno juega al ninja mientras que el otro hace de súper héroe. Ambos sin poderes. Sólo  humanos, adultos jóvenes que buscamos ser dueños de nosotros mismos, vivimos realidades agobiantes y deseamos esculpir la vida con la misma materia que compone nuestros sueños. 

Nos reconocemos en nuestras cicatrices. Los dos hacemos parte del selecto clan de las cicatrices. Ninguno de los dos podemos volar. No somos ingenuos. Sólo buscamos la mejor parte de los dos. Juntos o en caminos separados, sé que él aun lo hace. Doy fe de que lo hago desde aquí. 
Aun lo pienso y me pregunto por sus travesías. Es mucho más que un peleador, que un joven profesional en su identidad secreta, que un tipo de mi edad con el que comparto la pasión por la oscuridad. Un chico silencioso. Más que una cara bonita que sabe patear.  No es fácil ser como él. Los dos lo sabemos y por eso caminamos juntos por algún tiempo. 

Puede sonar absurdo, más no es falso. Me enseñó que los héroes podemos (y tenemos derecho) a sangrar. Me enseñó que los héroes podemos (y tenemos derecho) a soñar. Pocos saben como es ser el chico incomprendido. El chico bueno y malo, el héroe que combate sus propios villanos, el chico triste detrás de unos ojos claros. Puedo leerlo.

En apariencia pequeño, menudo y tímido. Reservado. Serio, misterioso. Es bastante más maduro que los demás. De pocas palabras, sólo las sílabas necesarias. Sonrisas. Tal vez una empatía involuntaria. A través de símbolos nos seguimos acercando y seguimos buscando. Aunque no lo encuentre a menudo en mi vida, no me importa. Porque sé que me lee y eso me hace sentir-lo aquí.

Las conversaciones nocturnas ahora son monólogos para el Sr. Frío. Extraño los maullidos. Suelo sentirme solo. Su falta me hace vacío en el eco de las alturas. Miro estas azoteas y reconozco que no conocen sus pisadas. Están vacías, sin rincones oscuros que llenar con nuestros murmullos.

El tic tac del gran reloj llega sin novedad. Ningún gato lo interrumpe. En la oscuridad me pregunto dónde estará. Me trajo la noche incluso cuando había dejado de creer en ella. Al partir, mi ciudad quedó en sus manos. En sus garras. Al amigo que extraño un agradecimiento eterno. 

Sobre sus conjeturas, los tejados no son los mismos sin él. Estoy con frío. Feliz o triste no lo podría responder. En esta ciudad me adapto y me cuesta. Para ser sincero, me siento chocado, existencialmente confrontado. Quizás para eso sirve la Metrópolis. Sin embargo, y para ser justo, lo llevo conmigo. Con o sin la máscara, como Luis, sabe que las relaciones se distancian, que a pesar de esto los vínculos no se rompen. Sabe que a pesar de que los súper héroes trazan sus propias aventuras solos o en equipo, 
tiene un amigo en mí.




-Post dedicado a mi amigo Luis-


5 comentarios:

Javier D dijo...

Buen post. Bacano que Luis lo lea. PD> no sé si sentir celos??....:)

batichico dijo...

lo leerá ;)

batichico dijo...

9:15pm... lo leyó ;)

Luis F dijo...

siiiii, lo leí ;) está muy bacano

Javier D dijo...

Que bueno que leíste!!!...jajaja...no tienes avatar, pon una foto pa reconocerte!