domingo, febrero 13, 2011

"Tóxico"




Hay venenos guardados en frascos que no advierten de su toxicidad. Hay formas y modos para disfrazar las cosas. Para los besos no. 
No importa la sinfonía, las palabras, los hechos o los motivos. Un beso será siempre un beso mientras su intención envuelva la pasión.

Beso sin culpa. Un golpe que no es bajo. Es liberador. Una respuesta sin motivo. Letras que se escabullen por las pupilas y roban sueños.  No existe el ridículo en la dimensión de los que se besan. Mi máscara no miente.
Volteo mi cara hacia mi hombro. Alejo mi nariz de tu perímetro, te obligo a buscar mis labios. Aquí estoy, te digo entre juegos.  Mi intención nunca fue invadirte. Sólo quise invitarte un rato y compartir la noche que tanto me embriaga. Bebe de ella. 

Entre caso y abrazo, persecución y misión me tomo mi tiempo para pasar por tu morada. Te veo sin que me veas. Y mientras lo hago, planeo mi regreso.

Desde la ventana veo el interior de tu casa. Las flores que tu mamá puso en la entrada me saludan. Dicen que me esperan y me preguntan por el momento en que decida entrar. Ya entré, les respondo. No hubo hechizo ¿o tal vez sí? ni ellas ni yo damos fe de lo uno o de lo otro. Sólo estamos ahí, vigilando y aguardando por el momento preciso. Planeo mi regreso. Tomo un Batarang, escribo mi nombre en uno de sus lados y lo arrojo a la alfombra de tu recibidor donde sé, lo encontrarás. Así te marco el camino para que regreses a mi callejón
y te quedes por un rato. Aunque siempre te espero, no siempre estoy para recibirte.
Espera la señal.

Me oculto entre las sombras de la noche y echo un vistazo a tu casa. Encuentro voces que no me pertenecen y delitos que no me acusan. Son tuyos, quizás por eso me seducen y me invitan a quedarme ahí. Tienes mi perdón, acepto tus excusas, te doy mi voz. Sólo quiero estar cerca aun cuando no me ves o me hayas olvidado. 
Te sigo desde la distancia sabiendo que eres tú aun cuando ni siquiera te conozca. Adoro lo que haces. Te pregunto, te pregunto a los labios. Los que nunca mienten. Soy de los que no se resiste ante lo que se dice con un beso. Unos labios como los tuyos deberían de tener una advertencia sobre su toxicidad. No me importa. Busco tu boca, me dejo poseer y caigo embriagado de vos.

Desde la oscuridad te llamo. Lo siento. Ya hice de tu calle un paso obligado cada noche y de tus besos la cuota de peligrosidad que mi adrenalina aclama antes de marcharme con la madrugada. Aun cuando no te veo te lo imploro ¡intoxícame ahora!


Ya probé el sabor de tus besos y no quiero renunciar. Ya es demasiado tarde como para pensar en dejarte. Viajo en tus palabras mientras tus intenciones recorren mi sangre como un veneno. Es algo narcótico. Soy adicto a vos y a lo que me das "¿no sabes que eres tóxico?", en tu boca encuentro mi entrada al paraíso. 

Aunque a veces nos encontremos con dolores y nauseas, como un trago de vino dejo deslizar tus palabras por mi garganta. Veo tu malestar. Te acompaño en tu soledad, en tus sangrados y sin razones. Aunque arrases con todo y decidas sumirte en un sueño profundo, aún cuando insistas en mantener una sonrisa fúnebre, yo estaré esperando por tu beso.
Intoxicado de vos, y con tu voz, El Batichico.



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