jueves, abril 28, 2011

"25 años después..."


Desde que supe que era la hemofilia me considero un ser empático. En mi interacción con hermanos de sangre que viven en otros países, que hablan otras lenguas y tienen hábitos diferentes a los míos descubrí que de la piel para dentro sentimos lo mismo. Que sentí un sangrado en el tobillo como lo sintió mi hermano Jorge en Perú, que el sangrado en mi cabeza me generó el mismo miedo que sintió Gabriel en Canadá y que a cuando era niño tuve la misma zozobra que Robin en Mölndal.

Por estos días el tratamiento me hizo ver Chernobyl con otros ojos. Con una sensación diferente. Con un malestar en el cuerpo que me conectó con los relatos de esas personas que desarrollaron enfermedades raras y que requieren de tratamientos dolorosos. 

Espero el malestar con la aplicación de cada "medicina" en una fecha señalada. Antes me preparo. Busco esos elementos que me conectan con todo aquello que dibuja una sonrisa y me lo llevo a la cama. Después viene la aguja, el veneno para hadas, los analgésicos y las ganas de dormir mucho para pasar el rato. En menos de una semana ya estoy bien. 
No sé como será en Chernobyl, pero algo me dice que están desayunando, almorzando, cenando y mecateando veneno a diario. Me imagino que desearan despertar de su realidad, hacer su día sin preocuparse por la radiación en el ambiente y queriendo olvidar el vecino que ya perdió su forma humana. 

Cuando era niño amaba ver al Capitán Planeta. Recuerdo que tenía un villano detestable, Duke Nukem,  cuyos crímenes ecológicos realizaba con la radioactividad. Al final del capítulo cuando la fechoría era detenida y el malvado era enviado a pagar sus males, los planetarios limpiaban la zona afectada con agua, daban un consejo y me generaban la seguridad de que el mundo era un lugar mejor. Que el daño radioactivo pasaba.
Con 28 años y viendo los reportajes sobre Chernobyl aun fantaseo con la solución que daban mis héroes. Veo que llueve, que cae nieve, que los años pasan, la vegetación regresa y la radioactividad no pasa. Que las consecuencias han seguido. Que siguen. Que la gente se continua envenenando, que los niños nacen y crecen condenados a una realidad que ningún ser vivo merece habitar.

"Dios no comete errores". El hombre sí. No confío en el hombre. Confío en mi. Sólo me esfuerzo por ser el cambio que quiero ver en el mundo. No lo esperaré de los demás. No propongo ser el salvador del lugar. A veces ni siquiera puedo con mi propia vida. Sólo soy un hombre y aunque mis acciones son pequeñas confío en que tendrán repercusión. 
Con otros ojos reconozco que me duele Chernobyl. Algo me inventaré para sus niños. Es una promesa literal y literaria. Una de esas que amo cumplir. 

El Batichico.

-A los sobrevivientes y a quienes no somos simples espectadores-


El vídeo lo recibí gracias a Greenpeace Colombia


4 comentarios:

Andrés Eduardo Pío Chicué Sónico dijo...

Lo dijo Chikamanizalita:
Esto sinceramente es increible... que los principes se casen con toda la pompa, que el papa viva bajo un techo de oro, que los jugadores de futbol ganen millonadas por un partido y tras de 25 años dejar que seres humanos de carne y hueso, gente que piensa, que sufre que siente se estén muriendo y nosotros solo seamos espectadores

¿¿Donde quedó el amor a la humanidad?? ¿¿En que mundo y con que clase de personas vivimos??

Arkanthos dijo...

Lo cierto es que las prioridades de muchos gobiernos, personas y empresas no son sobre el bienestar de unos pocos. Es bueno crear conciencia y creo que la mejor persona por la que debes empezar es vos mismo

Andrés Eduardo Pío Chicué Sónico dijo...

En todo el mundo Greenpeace conmemoró el 25º aniversario del desastre nuclear en Chernobyl http://greenpeacecolombia.org/index.php?option=com_content&view=article&id=215

Anónimo dijo...

lei lo de 25 años despues.... genial!
Nico D B