viernes, abril 22, 2011

day 07 - a song that reminds you of a certain event

"Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano. De todos modos, cuento con la imaginación de mis lectores para hacerme comprender en este que pudiéramos llamar boceto de un cuadro que pintaré algún día." 
Gustavo Adolfo Bécquer



Mi vida en la universidad transcurría con total calma. Mis angustias estaban reducidas a las entregas de los trabajos, el estudio para los exámenes y la preparación de las clases. Mi vida era la de un tipo tranquilo. 

Sucedió en mi segundo semestre. Un concierto de Santa Sangre sucedía en el teatrino de la universidad mientras mi grupo de trabajo y yo nos dedicábamos a la elaboración de un cartel. Por un momento me quedé solo en las mesas de estudio, de espaldas al concierto. Bueno, ni tan solo. A un par de mesas de la mía una pareja. Un tipo X con cara de ñoño y junto a él, los ojos de mi vida. El golpe fue instantáneo. Me tambaleé. Eran verdes, enormes, brillantes, envolventes, febriles. Criptonita pura y yo un Superman rendido a su radiación. 

No sé en qué terminó el cartel en el que trabajaba. Me perdí en esos ojazos. Desde ese momento mi vida en la universidad se partió en dos, adquirió un nuevo propósito de color verde esmeralda. En la cafetería, en la biblioteca, en los corredores, en el bus, en cada lugar que tropezaba con ellos mis rodillas flaqueaban, mi frente sudaba frío, mis manos temblaban, mi mente se ponía en blanco. Era sólo yo y esos ojos frente a mi. 

Con tanta miradera desperté su curiosidad. Parecíamos niños. Si nos teníamos cerca nos mirábamos con timidez. Si me miraba, yo volteaba hacia otro lado y cuando dejaba de mirarme, volvía a fijarme en esos ojos que ya no me apuntaban.
Como Perseo y Medusa a través de los reflejos de las puertas de vidrio y de los dispensadores de comida encontramos nuestros ángulos para sostenernos la mirada. Era algo loco. Era un secreto entre los dos. 

Durante años escribí sobre esos ojos. Soñé.  Escribí. Llené cuadernos, libretas, blogs. Semestre tras semestre supe en qué salones tenía clases, en qué horarios, a qué hora salía a almorzar, a que hora salía para su casa. Reconoció mi voz. Me divertía pasar por su lado y hablar. Ver su cabeza voltear hacia mi y detenerse al encontrarme. Reconoció mi risa. Sin pararme de la silla tocaba el cielo después de cada carcajada cuando voleaba hacia mí y sonreía. 

El tiempo nos arrinconaba a lo inevitable. El final de su carrera se acercaba al igual que el final de mi cordura. Necesitaba su nombre. Varios semestres después reuní valor, tomé aire y me lancé a hablarle. Me preguntó por qué me había demorado tanto en hacerlo. Como Amelie me derretí y formé un charco de mí en el suelo, a sus pies. 
Trabamos una extraña, extrañísima amistad. No tarde en decirle que me gustaba, que cada noche antes de dormir desde mi casa miraba por la ventana, le daba las buenas noches y le prometía que soñaría con sus ojos. Fui sincero y me cuidó. No usó mi cabeza como un revolver. Fui sincero. Me sonrió. Me dijo loco, me dijo que le había llevado magia a su vida y me agradeció. 

Por esos días mi amiga Lady Metal Moon suspiraba con esta canción y sin quererlo, me contagió de la emoción. Cuando menos lo pensé resulté con traga narcótica en la universidad. Mi vida cambió. 

Salió de la universidad mucho antes que yo. Salió y no nos despedimos. Tiempo y espacio no coincidieron para nuestro encuentro de despedida. 

Años después me reencontré con el objeto de mi deseo en un centro comercial. Mis rodillas flaquearon, mi frente sudó frío, mis manos temblaron, mi mente se puso en blanco. No me vio. Permanecí oculto. Como en los viejos tiempos, como un jaguar le seguí la pista procurando que no me notara. No he vuelto a ver unos ojos como esos. 
Me pregunto si te volveré a ver...

El Batichico. 

-Post dedicado a mis ojos de esmeralda-


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha parecido precioso, ya no se si es por el poema o más bien por la persona que me lo conto o dedicó, por mis ojos verdes. Doy gracias a esta persona por descubrirme este cuento y por su admiración hacía mis ojos. Es una pena que esta persona y yo no podamos llegar a ser más que una historia de atracción pura y dura.Cada uno tiene sus vidas y derruirlo todo todo me parece asomarme a un abismo. Perdon por todo esto, me tenia que desahogar.

Arkanthos dijo...

Esos ojos verdes que te hacen flaquear, me pregunto qué pasó cuando confesaste lo que sentías?...Suena a amor de telenovela mejicana, aunque en este caso el final es incierto...

Andrés Eduardo Pío Chicué Sónico dijo...

cierto pelirrojo que me conoce suele decir que parezco drogado por esto de la desinhibición que me caracteriza en estados kamikaze. Me lancé a quemarropa, no me importó nada, total, era más lo que ganaría que lo que perdería corriendo ese riesgo. Después de mi confesión sentí mucho frío y en mi cabeza una pregunta ¿¿¿QUÉ HICE???... y cuando me sonrió, el alma me volvió al cuerpo. En qué terminó???, nos distanciamos, se fue, luego me fui yo, no nos despedimos... así terminó. Gracias por comentar!

Anónimo dijo...

Una sola cosa por decir... Que buena canción POR DIOS!!!!!

MATEO RAMIREZ dijo...

Diablos!!! como publicas una historia tan apacionada!! me encantoooo


ojos verdes....



lo mio mio mio. son los ojos negros!

abrazo batichico!

Andrés Eduardo Pío Chicué Sónico dijo...

Abrazo Mateo!!! siempre bienvenido por estos lares!