lunes, mayo 30, 2011

"If you're so smart ¿why aren't you rich?"


José Ingenieros lo dijo, "no hay hombres iguales". Para él hay hombres inferiores, hombres mediocres y hombres superiores. Comienzo a creer que el difuntito tiene razón. 

Con un liberador interés manifiesto que esta noche me interesa el mediocre. Este subhumano es aquel impedido de usar su imaginación en función de ideales que le permiten plantear un futuro por el cual luchar. Patéticamente "sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades", propenso a "volverse parte de un rebaño o colectividad", que además critica con saña. El mediocre en cuestión, niega su afiliación al rebaño de los uniformados. 

Es una realización para él quejarse de su mediocre realidad. Se queja de su trabajo, de la vida, de la familia que le tocó, del tráfico, de la ciudad, del clima, de sus amigos, de sus fallidos prospectos románticos (en los que insiste), de la comida, de la fortuna, nunca de sus elecciones. Para él estas no existen. Su mediocre existencia es sólo el producto de lo que los demás eligen para él ¿y en todas estas dónde queda su voluntad?

¿Y qué hace para cambiarlo? sólo hace lo mismo una y otra vez, esperando obtener resultados diferentes. Se queja de su trabajo. Renuncia a él: deja de vender televisores para vender videojuegos y cuando se aburre de nuevo decide "cambiar" y pasa a vender televisores de nuevo.  Además de su queja constante, se jacta de ser "agudamente crítico con la vida" e inteligente. O sea, sigue siendo mediocre porque se lo cree. Es el menudo hombre de la queja eterna y la solución asfixiada en sus fantasías de grandeza. La procrastinación es su forma de autoerotismo predilecta y la formulación de excusas aún más patéticas que él, su filosofía de vida. Su mediocridad, entre otras cosas, resulta tan severa que le impide ser emo. 

Cuestiona y aún así sigue ciegamente. Dócil, maleable, ignorante, vegetativo. Hombre lapa, carente de personalidad, contrario a esa perfección con la que fantasea, cómplice de las causas que lo convierten en el cordero más deplorable del rebaño social al que tanto ataca, vive según la comodidad de sus conveniencias, no logra aprender de sus errores, no sabe qué es la responsabilidad y tampoco aprende a amar. 

A veces se nombra como un extraterrestre proveniente de un plano de existencia superior. Me pregunto si alguien le habrá hablado de los insectos. Digo, podría identificarse más fácilmente con estos respetados seres.
En su entorno natural, un reducido espacio cerrado, oscuro y húmedo, cuyos muebles mueve con la misma frecuencia que se jacta de ser astuto, se convierte en una suerte de criatura con exoesqueleto. Un insecto vil, acorazado y escéptico. Cobarde. Se ve al espejo como un escarabajo Goliath cuando en realidad es, y vive, como algo menos que una cucaracha. Aclaro. la Periplaneta Americana hasta podría llegar a ser considerada como una importante antagonista del mediocre. Es osada. Sabe guardar sus tripas en su cuerpo después de ser aplastada contra el suelo. Es astuta. Sabe hacerse la muerta y no se queda muerta en vida. Le preocupa comer bien, hurgar, descubrir, trasladarse, relacionarse con otras cucarachas y reproducirse. Por lo menos se es fiel a su naturaleza como plaga. Siempre se levanta. Le importa movilizarse y sobrevivir a costa de lo que sea. Quizás una de las diferencias más marcadas entre el mediocre y la Periplaneta es que la segunda sabe de autoestima. Parece que goza de un juicio objetivo de sí. Por lo menos reconoce y evita los lugares donde sabe, podría resultar pisada.  

Hace poco, el mediocre, manifestó que era un talento aún no reconocido. Un titán del sarcasmo, una inteligencia prodigio. José Ingenieros refuta: "Los mediocres NO SON GENIOS, NI HÉROES NI SANTOS". Batman, ante una expresión similar del acertijo le cuestionó: "¿si eres tan inteligente, por qué no eres rico?"

"El mediocre no inventa nada, no crea, no empuja, no rompe, no engendra; pero, en cambio, custodia celosamente la armazón de automatismos y prejuicios y dogmas acumulados durante siglos, defendiendo ese capital común contra la asechanza de los inadaptables" (José I). Tampoco hay que creerle cuando dice que una película, o la cantante cliché del momento es buena. Su criterio es tan ruin como su percepción de sí mismo. No acepta ideas diferentes a las ya atragantadas en su rumiante y escasa apertura al conocimiento. Este es un punto a favor en medio de su limitado horizonte: su pasividad receptora y su necesidad de imponer su punto de vista (mediocre) le permitiría ser un  excelente calendario mundial de antaño repleto de hechos pasados, refutados, abolidos y que a nadie le interesan.

Enemigo acérrimo del idealismo por envidia. Su escasa vocación lo obliga a atacar, con desespero, toda acción espontánea porque tiene claro que su razón de ser depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no resalte sobre él. Que no haga evidente su involucionada forma de vida. "En todos los tiempos y lugares el que expresa su verdad en voz alta, como la cree, lealmente, causa inquietud entre los que viven a la sombra de intereses creados" José I. 

Dentro del retorcido espejo de su narcisismo, el M trata de aminorar el sufrimiento que le produce su mediocre vida a través de sus acostumbradas excusas. Estas las usa para ocultar sus errores, sus faltas, para liberarse de culpas, tender una cortina de humo alrededor de su actitud irresponsable, para justificar su mediocridad. Querido mediocre, las excusas no te salvan, te inundan cada vez más en fracasos y mentiras, y en ese tipo de charcos de agua pútrida sólo terminan viviendo las alimañas. 

La culpa es de la ruta equivocada que tomó en su camino. La culpa es de la enfermedad. La culpa es del turno en el trabajo. La culpa es de su falta de opciones. La culpa es del que no lo llamó cuando él podía contestar. La culpa es del destino. La culpa es de su familia. La culpa es del clima. La culpa es de los demás mortales que no comparten su forma de pensar. La culpa es de quien lo dejó sin cojones. La culpa es de su falta de estudio. La culpa es de su falta de dinero. La culpa es de quien no le pagó una carrera. La culpa es de su falta de éxito. La culpa es de quienes lo rodean. La culpa es de... La culpa siempre es de otro, menos de él ¡El pobre es la víctima! y cuando no, ¡es un mártir! no ha dado NADA y se le debe TODO.

La solución esperada siempre viene de afuera. Es de los que promulga: ¡Vénganos el asistencialismo, bendito sea el fruto de las buenas intenciones de los ingenuos y de mi falta de interés! Y cuando la ayuda no es la que esperaba, asume que no hay solución y vuelve a su lugar de subdesarrollo.

No todos somos ingenuos. Hay quienes no creemos en ciertos cuentos. Si le pagaran por excusa sería multimillonario. Los mitos, las leyendas, las fábulas bien contadas aportan. Son literatura. Las suyas sólo evidencian su pobreza mental. La impunidad de sus crímenes contra su autoestima va en aumento. No sabe de respeto a su sobrevalorado pensamiento. Sólo le importa asumir que su fracaso es sólo el producto del mundo hostil que lo rodea, de la falta de apoyo y de un culpable de primera mano. 

ASUMO que peco. Cometo un grave error que me hace querer que otras personas mediocres y no mediocres piensen como yo. Sin culpar a nadie lo reconozco como mi propio demonio. Aprendí a ver a la mediocridad como una enfermedad, un chancro que carcome al sujeto (de su mediocridad), se propaga por todas las áreas de su vida y lo sume en un letargo similar a la zombificación. Muerto en vida que cumple con horarios, vaga por las calles con uniforme y audífonos en sus oídos que lo anulan aún más de la realidad, una máscara, un asco que apenas disimula en la repetición de un lánguido "¿qué?" tras cada frase inteligente que se le dice y unas eternas ganas de vomitar con las que aprendió a convivir. Dice José I: "Lo que ayer fue ideal contra la rutina, será mañana rutina, a su vez, contra otro ideal", "La rutina es el habito de renunciar a pensar".

Doy lo que quiera a cambio de una sola vez en que reconozca su responsabilidad. Es de verdad. Si alguna vez quiere saber que es tener un poco de poder, qué es sentir peso en los cojones, que asuma un mínimo de responsabilidad en sus acciones. Reconozco que escribo esto con una rabia hemofílica. También que este tema, que este personaje me enfurece porque me importa, porque creo en él, porque espero de él, quizás un poco más de lo que él podría esperar de sí. 
Mr. Obi Wan Mediocre, desmovilícese... su familia y la sociedad lo esperan. Nadie quiere ser un petardo humano. Bueno, sólo un mediocre empedernido aspiraría a serlo. Hasta ahora no conozco un ex-mediocre, tal vez no esté tan mal ser patético... tampoco me gustaría probarlo. Lamento que no haya cirugía estética que ponga solución a su complejo. 

-Al Sr. M-



* La imagen es de Ramiro Argañaraz

2 comentarios:

Arkanthos dijo...

Woww. Sin palabras. Me recordó mucho a cuando el escribiste a la niña del problema con la misericordia. Otra cosa: Este artículo lo veo como una catarsis, qué la motivó?...y otra cosa más: hay más artículos similares tomando forma?

Andrés Eduardo Pío Chicué Sónico dijo...

Hola!
sí es catarsis, la motivó el propio personaje y su talentosa mediocridad.
En cuanto a tu otra pregunta, aún tengo artículos del conteo en remojo y otro sobre el "Efecto Yoko". Ya nos leeremos ;)