jueves, agosto 11, 2011

"Té para Andrés"


Aceptó las condiciones y eligió continuar con el juego. No es lo mismo llamar al demonio que verlo llegar. El demonio llegó de gris, con lentes y un extraño tic nervioso. 

El invitado a la mesa chocó su taza con las otras dos y brindó. Las reglas y el protocolo fueron nuestros, fueron de todos y de ninguno. 
Nos preguntamos si seguiría nuestro ritual y el invitado se entregó a la celebración, al menos hasta cuando la bebida se acabó. Dos de veneno para mi té, por favor. ¡Dos es mucho! hubo que dosificarlo: primero uno, luego el otro. La dosis más fuerte siempre se siente al final.


Dos cuerpos sobre las sabanas frente a la mesa, la lluvia derramada, un poco de dulce, un poco de cacao no bastó. La luz abandonó la habitación y la película comenzó.

-¿Querés chocolate?- Ofreció el anfitrión con un cuadrito de cacao asomándose de su boca. El invitado se acercó a sus labios y a través de un beso reclamó con los suyos la ofrenda. 
-Lo siento... te mordí. 
-No te preocupes. Estuvo bien- respondió el anfitrión, y pasó su lengua por su labio profanado.
La noche se hizo más intensa y los dos cayeron en una espiral que los llevó hasta el lado más profundo de las sombras de la habitación.

Las tazas sobre el mantel, tres en total. El tercero vino después cuando terminó de admirar el protocolo de bienvenida desde su persiana americana. Té para tres, labios con sabor a chocolate, algo de locura y mentiras oscuras, como ingredientes, fueron servidos con entrega. 
La ropa desapareció entre las llamas, La salamandra de fuego que sostenía la tetera se desbordó e incendió el cuarto. Lenny Kravitz en el fondo anunció la promesa del invitado: I am the chosen i´m the one, I have come to save the day and i won´t leave until i´m done

Un poco de agua para la sed y una ventana abierta para que la salamandra se dispersara. En cada casa hay un ventilador y un Andrés, incluyendo esta. Lo intentamos y lo logramos, respiramos el fuego y tuvimos un poco de diversión en un elemento poco transitado por quienes temen quemarse. ¿Más té para el invitado? con dos de veneno, por favor. La salamandra regresó, el té se calentó y se sirvió otro poco, con dos de veneno dosificado para el elegido.


El último rastro de té se derramó. El agua apagó la vida de la salamandra. El ritual no terminó. Sobre el mueble llegó la palabra, el verbo y el silencio. El momento de la verdadera desnudez; las tazas vacías y el alma expuesta. Escuchamos, vimos y reconocimos: El elegido cumplió su promesa.

Brindamos con agua, un sorbo de distracción, buscando descifrarnos. La noche acabó, el sol nos amenazó. Hora de cerrar los ojos y regresar a la tierra. Al partir olvidó su saco gris, regresó por él y prometió volver. El anfitrión quedó frente a su casa envuelta en cenizas. Ahí lo vi llorar por el que usó nuestras cabezas como un revolver. El eclipse no fue parcial y cegó nuestras miradas.

Esto lo debemos abandonar y lo debemos deshacer. Debemos reorganizarnos y convertir nuestro regreso al hogar como algo especial. No hay nada mejor que casa. Después de esa noche guardé la tercera taza, desde entonces se sirve té para dos.




-A propósito del cumpleaños de Gustavo Cerati-


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