viernes, septiembre 30, 2011

"Crónicas de un vigilante de la noche: Una taza de té y una nota"



Nací en el 82, cuando García Márquez ganó el Nobel. Nací el 16 de Octubre, 128 años después de que naciera ese mismo día Oscar Wilde. Me gusta fantasear con la idea de que nací en las coordenadas correctas que me marcaron una llegada como un ser sensible.  

Morí en 1990 y desde entonces tengo claro que la vida es breve. Después de leer sobre ese título que en ocasiones me define, sobre todo en las noches, decidí quemar los libros que tienen demasiados nombres y psicosis. Me deshice de muchas cosas y desde entonces otras tantas me dejaron de importar. 


En medio de la noche, cuando soy, te invito a que te sentés conmigo y te tomés un té. Sos esquivo, como un alma, por eso me veo en la obligación de dejarte estas notas. 
Hoy lo hago de nuevo, fijando mi escrito en una taza de té que estará fría para cuando la encuentres. Las letras conservarán su calor, te lo garantizo.

No me importa el tiempo que te tomes. Tampoco si tu aliento huele a cigarrillos, ni que bailes como tu papá cuando estás borracho, o que te comiences a vestir como él.
Si temprano en la mañana cuando te despiertas te ves como un rockstar, y tu vida es un desorden, realmente me tiene sin cuidado. Quienes me han visto dicen que duermo como un ángel, cosa que cambia cuando me despierto en una versión alterada de Mr. Hyde. 

Sigo pensando que sos fuerte, aunque digas que estoy equivocado. Todos dicen que estoy loco y en eso tienen razón: suelo fijarme en detalles que pocos ven. Si tu cama está llena de fantasías, creéme que la mía también. Si la tuya tiene cuerpos fáciles y el botón de "pausa" esta roto en tu película, en la mía navego en sueños, entre susurros y seres desnudos que disfrazo con palabras para luego presentar al mundo, como lo dijo el Maestro Bécquer. El botón de "pausa" también lo perdí. Quizás por eso y gracias a eso soy quien soy, y soy como soy. 

Esto es real aunque nos sintamos falsos, aunque nos ocultemos en la noche y pidamos a otros en el día que nos enseñen cosas que no necesitamos saber. Vos más que nadie sabes que la vida es demasiado corta para tener miedo, que vivir sin reproches es mejor y que de vez en cuando viene bien tomarse un analgésico. 

La evidencia incriminatoria de mis libros quemados ya no está aquí para atormentar si alguien visita mi casa. A pesar de que insistás en señalar cuan equivocado estoy sobre vos, me permito insistir: aún te creo, y creo también en lo que decís entre líneas mientras te defendés.

Creo en tu esperanza, en tu academia, en tu ingenuidad, en tu precocidad, en el plomo que sostiene tus pies en la tierra, en tu cabeza que flota con las cometas en el cielo, en tu adelanto al tiempo de los que tienen tu edad. Creo en tu fuerza, en tu resiliencia, en tu grandeza, en tu espíritu despiadado, en tu hermosura, sigo creyendo en tu locura.

Espero que no te moleste mi mirada. Sólo sigo sorprendido de que no estés dónde a veces te imagino. Sigo sorprendido de que no estés gritando por tu soledad. El que nos guarda sabe que me gustaría estar aquí, frente a vos con dos tazas de té caliente, aunque te esforcés por alejarte. 

Si muchos han querido quitarte la máscara, en este momento te declaro que renuncio a esa idea. De querer hacerlo, lo podría hacer. Tengo los medios y la Baticomputadora para ello, pero me resisto. Respeto que sea indispensable para vos que la portés por ahora. No quiero sumarme a la lista que te ha descubierto el rostro. Prefiero que la dejés caer frente a mi, cuando sea el tiempo. No antes ni después.  

Si me he topado antes con tu verdadera identidad, de manera gentil, si te he tenido casi al frente durante un buen tiempo y no me he percatado de quién sos, lo agradezco. Podré decir que te conocí primero por dentro, y luego por fuera, o vise versa. 


Dejo con estas letras y la taza de te una reverencia ahora que la noche acaba y el sol amenaza con golpearme. Cerraré los ojos, volveré a la tierra. No hay nadie aquí donde dejo mis parlamentos. Veo mi estrella. Ella te conoce pero no me dice nada de vos. Se divierte con este juego y lo respeto. Sé qué es hacer reír a los demás. Sé que es esconderse. 


Comprendo tu papel de estrella solitaria y la necesidad de tu máscara. En este mundo que funciona como un escenario también tengo la mía. En esta gran escena, donde todos tienen su parte, yo sé por dónde va mi historia. Y si algo he aprendido de vos es a ajustar mi máscara, aunque para vos ésta ya cayó. 


Como el Niño Hojas que suelo ser de día, el mismo que se queda sin tiempo, que llega tarde, que cree en las "estrellas", que siempre cena en casa, que canta cuando está solo, que le gusta jugar, que tiene hojas en los bolsillos y las usa para escribir te declaro que sería mejor que fuéramos enemigos. No habría nada mejor. Así pasaran los años y seguiríamos sin un amor, sin un adiós entre nosotros. 
Como Batichico te seguiré creyendo, nos seguiremos encontrando.




PD/ Si te asalta una pena, o cualquier criatura de la noche ya sabés que hacer: poné una señal en el cielo donde sabés que la veré. 





1 comentario:

javiersonico dijo...

Una palabra: Confuso.