miércoles, noviembre 09, 2011

Día 18 del reto 2 - Canción del primer disco que compraste o escuchaste.



Lo que son las cosas de la vida. 

Cali: Mi casa de infancia.
Recuerdo que lo compré con algunos ahorros. Por las tardes, después de colegio iba hasta la grabadora de mi hermano y ahí le daba play al Cd. 
Cantaba. 
Soñaba.
Dedicaba.
Anhelaba.
Me rebelaba.


Abría con un "¿Cómo echarte flores si eres un jardín?", continuaba con los sueños del 95, el calor aumentaba con Candela, el tiempo se detenía tras un "y dice" que daba paso a un Bolero Falaz, luego venía una desgarradora declaración de amor que prometía un No Futuro

Con El Dorado anhelé un apego que asegurar, un tesoro que cuidar aunque roben, maten, violen y corrompan mi historia. Aprendí que era hacer De Tripas Corazón y de un amor una obsesión. Canté a grito herido y con orgullo patrio Colombia Conexión y cuando me fijé en la letra de la siguiente canción algo se arrugó en mi pecho. 

Antes de continuar, reconozco que no mencioné una parte fundamental en este recuerdo. Comenzaré de nuevo y continuaré:


Recuerdo que lo compré con algunos ahorros. Por las tardes, después de colegio Camilo y yo íbamos hasta la grabadora de mi hermano y ahí le daba play al Cd. 
Cantábamos. 
Soñábamos.
Dedicábamos.
Anhelábamos.
Nos rebelábamos.


Este álbum llegó a mis manos y lo agoté en la grabadora junto a Camilo (Pueden leer sobre él aquí y aquí)

Retomo la canción que seguía, la número nueve.
Recuerdo que el calor era feroz. Estábamos acostados en el corredor fresquito de mi casa con la grabadora a todo volumen cuando esta canción se hizo escuchar en mi interior. 


¡Por Dios! 
Ojalá coja juicio
Se había ido varias veces de la casa.
Preocupados le trajeron al cura del sector,
Para colmo lo expulsaron del colegio. 

Con el tiempo le pagaron psiquiatra
lo internaron un domingo por la tarde.
Su mamá siempre decía,
que eran malas compañías, 
pero el sí que lo sabían...
Son las cosas de la vida. 

Se le advirtió,
y nada valió.
Le entró por un oído y le salió por el otro,
y el pobre anda tan ido,
van dos tuercas que le faltan.

Y a partir de esa tarde relacioné esta canción con su vida. Esta era la historia de Camilo al pie de la letra. 


Bogotá: en alguna calle de Toberín.
Corría bajo el abrigo de mi mejor chaqueta. Escondía mi cara de la lluvia y mis lágrimas de sus ojos. Me detuvo en la calle, frente a un parque, y me pidió que lo escuchara. 
Agaché mi cabeza. Él habló. Me dio una razón. Razón que no creí. Razón que me dolió. Me negué a creerle una vez más. Odié quedarme sin opciones. Me tomó del mentón y me obligó a levantar la cabeza. Bajé mi mirada. Habló de nuevo. Lo abracé. Enmudeció. Yo era su amigo, siempre lo perdoné. Siempre tuvo una oportunidad más conmigo. 

La culpa fue de las instituciones. Fue del estado. Fue del Bienestar Familiar. Fue de los niños  más grandes del hogar de paso que le hicieron daño. La culpa fue de quienes le dieron plata en la calle para los pasajes, fue del señor de la flota. Fue de esa novia, o de aquella. La culpa fue de Dios. La culpa fue del diablo. La culpa fue de su papá. La culpa fue de su mamá. De su madrastra, de algún novio de su mamá. La culpa fue del momento en el que nació. La culpa fue del profeta que anunció su llegada. La culpa fue de su abuela por acogerlo. La culpa fue de sus hermanos. Fue de sus tías. Fue de la gente de mi barrio. La culpa fue mía. La culpa la tuvimos todos. La culpa la tuvo él y ninguno.  

Él decidió como vivir su vida. Eligió prender ese primer cigarrillo, pedir esa cerveza. Escogió un mundo diferente, vivir sin apegos, llegar con la ropa manchada de sangre, empeñar lo que no le pertenecía, ir de fiesta y amanecer donde fuera, buscar sus demonios y enfrentarlos donde no estaban. Dios nunca nos escuchó, o tal vez sí. El caso es que nunca cogió juicio. Vivió y murió a los veintisiete como un grande y sin encontrar esas dos tuercas que le faltaban. 



Cali: En cualquier lugar.

El álbum continuó con Pilas. Vertiginosa, oscura, veloz, asfixiante como la vida de mi amigo. Luego La Estaca. Una tierna dedicatoria de amor que alguna ex me dedicó. 
Después vino El Diablo con una provocación por lo prohibido, por el tabú que siempre estará con nosotros. 
Si no se pudo como oda a lo que nunca fue, al duelo, a lo resignado, a la renuncia y a la esperanza. Siervo sin tierra me recordó esa historia de sangre en mi país y en mi familia. Con Errantes vino otro poco de esa historia enquistada en algún lugar, con tintes melodramáticos y siempre bienvenidos en quienes aman. 
El álbum terminó con toda la fuerza de Mujer Gala

Este fue el primer disco que compré. Uno que encierra gran parte de mi historia. Uno que amo. 
El Batichico.



1 comentario:

javiersonico dijo...

Te leí con muchas cosas en la cabeza, Zarathustra y rebelión como la que cantaba Amistades Peligrosas. Buen post. Emotivo y lleno de recuerdos hermosos y dolorosos a la vez. La dualidad humana es hermosa, y lo es más al ser escrita por ti. Gracias por el mention, que se repita =P