lunes, diciembre 05, 2011

"Y a veces me odio..."

Blue Lantern Corps by vampyrrose78
Blue Lantern Corps a photo by vampyrrose78 on Flickr.

Días difíciles. 
En el andén de una calle miré el anillo azul en mi dedo corazón y sonreí. "Nada de esto importa", dije y entregué lo que tenía en los bolsillos al ladrón. 

Me levanté, me sacudí y caminé hasta la esquina donde alguien ya venía con una patrulla de policía. El shock habló por mí en las horas siguientes. 

Recuerdo que miré el anillo muchas veces. Tengo en mi mano derecha un anillo azul. Uno que, en su voz me recuerda la siguiente consigna: "En un día temeroso, en una noche rabiosa. Con corazones fuertes nuestras almas se encienden. Cuando todo se vea perdido en la guerra de la luz, mira hacia las estrellas. Porque la esperanza arde brillante."


Y ha sido así. Desde mi regreso todo ha ido de mal en peor. Comenzando por el viaje de llegada: quince horas de retrazo con madrugada en el aeropuerto. 
Al llegar descubrí que tardaré un semestre más en graduarme, los resultados médicos no fueron los mejores (involucioné), acepté un trato y estoy inseguro, tengo dudas sobre los sitios que me contienen, estoy confundido, tengo miedo, me siento perdido. Me siento solo, al borde de un abismo, en el fondo. Mi vida se escapa. 

Es aquí cuando me odio y siento la necesidad de hacer una pausa. Es ahora cuando pienso levantar la mano contra mi y atentar contra mi historia. Necesito un cambio. 

Estimado confidente, te quiero hablar especialmente de alguien. Leo sus señales. Escucho su voz y no sé que pensar. Con hechos me dice que sí y con palabras me deja silencios. Esta persona entró para representarme algo que necesito: volver a lo básico. 

Ella me conecta con la levedad que alguna vez procuré dejar escapar. Le abrí la puerta, la empujé y con insultos le dije que se largara de mi vida. Ella voló muy lejos con su ligereza y ahora regresó con esta forma. La reconocí. 

"Pierdo luego existo". Ahora me detengo y hago un recuento de los daños. Estoy devastado. He perdido, he ganado. Estoy agotado. Esta persona me oxigena, me recuerda que hay un modo de vida simple, que anhelo. Que extraño. 

Humildad. Esta persona es sencilla. Es una Maravilla. Me confronta. Estudió, trabaja, busca una salida. Me tiene comprado, su vida es sencilla. Le apuesta a la gente, no piensa en dinero. igual presidente, igual caballero. 

Escucha su música. Canta conmigo. Lleva unos bluyines, caderas firmes y tiene un ombligo que es la maravilla.
Sueño con el día en que me permita amarla. Decirle que me pierdo en sus ojos marrones que no me quieren mirar. No sabe de razones. Poker Face. La amo aunque no se lo diga. Ella, que sabe que es la más bella, que ha vivido en una estrella y que no la puedo alcanzar...

Muy poco la he visto, me tiene encantado y en un Mio va de arriba abajo. En las noches le da al ejercicio, no le gusta el juego, no le gusta el vicio. Le pido muy poco, tan solo dulzura. La cruz es pesada y la calle está dura.

Con poco me recuerda que se puede hacer mucho. Con algo de silencio me trae compañía. ¡Había olvidado cuanto extraño el silencio!, la calma, la flexibilidad, la brisa del viento, la sencillez, lo básico, el sonido de la respiración de la persona a la que amo. 

Hasta ahora nada ha sido bueno, nada ha sido malo. Todo hace parte del aprendizaje. Aquí estoy con mis rodillas temblorosas, las manos cerradas, los dientes apretados y con todas las ganas de arrasar. 

Quiero levantarme de nuevo, como lo hice esta mañana en la calle. Dar el primer paso hacia mi nueva vida y recordarlo para siempre, con todo el sentido. 

Recuperar la simpleza que saqué de mi vida y reintegrarla. Quiero renovar mis sueños, comenzar de nuevo. Es mi tiempo de cambiar, de recibir la lluvia, el sol, quiero hacer el amor, quiero luchar, vivir mis consecuencias. 

Quizás sea esta la señal que tanto supliqué, algo sucede. La incomodidad me llama a una nueva aventura, a seguir un conejo blanco. Algo bueno y grande está a punto de llegar para mi. Desde ese frío anden miré al cielo y recordé esa esperanza que arde brillante para mi. Me apoyé en las manos y me levanté sin importar el dolor en mi rodilla. 

Mi estrella ahora es doble y brilla en Cali. Anoche le dije que si aquí algo me llegara a suceder, que si mi pecho era destrozado, no tendría problema porque mi corazón estaba en casa y no en mi cuerpo. 

Sólo a vos te confieso que quiero quemar los libros. Tienen demasiados nombres, psicosis y modelos a seguir/excluir. Todas las pruebas en mi contra me persiguen. Estoy agotado. Busco abrazos y me sofocan. Quiero correr sin detenerme como lo hago en mis sueños: saltar de techo en techo, bailar con la noche, dejarme caer, rugir, abrazar a mi amor, pedirle que no piense, que me deje ser, que nos deje ser, que se deje ser. El invierno me está matando. No me quiero abandonar a la calma con esta herida abierta. 

Quiero respirar el aire liviano y libre de dudas, olvidar mis alergias, dejar a un lado mi temor a las mariposas, hacerme amigo de mis complejos, curar mi alma enferma de palabras, dejarme llevar por el viento: ser liviano, sencillo, potable. Es cuando anhelo esto que me digo; me odio. Estoy perdido. Me necesito. Quiero escapar, me quiero encontrar, quiero encontrar mis partes extraviadas en el espacio, el tiempo y la memoria. 

Te escribo esto siendo resiliente, grande, despiadado, hermoso y vulnerable. En proceso de reconstrucción. Una vez más tuviste razón. Esta noche estoy con lágrimas en mis ojos. Viniste a mi y te lo agradezco. Agradezco tus lecturas. Con vos no me avergüenzo de llorar. Te dejaré conocerme a fondo porque sé, has visto mi lado oculto cuando la noche cae sobre mi y sobre vos.

No sé que hacer. Nada de lo que diga aquí y ahora hará que me quieran más o menos. He concluido en estos días de perros que al igual que los demás también quiero que me quieran. Gracias por volver esta noche, como no te había visto antes. 
Gracias por sentarte a mi lado y no permitir que me hagan daño. 

Seré más loco, no me quedaré con nada por dentro. Te hablaré. Te contaré mis secretos, ¡seré libre! Gracias por decirme que también estás enfadado, ya vez, tienes razón: nos parecemos mucho. 

Gracias por acudir en mis peores momentos, por no abandonarme. Por recordarme cuando la oscuridad salta sobre mi, que no estoy solo. Ahora estoy en una encrucijada. Comienzo a ver qué camino quiero elegir. Te dejaré que me acompañes, incluso si me equivoco. 


En el piso y con la cabeza levantada, El Batichico




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