sábado, febrero 04, 2012

"Mi primera dedicatoria..."

Esa noche nos reunimos en una sala pequeña del segundo piso en la casa de mi abuela.

Dije por qué la mencioné,
quien es ella para mi.
Hablé del dolor que me hizo crecer y aprender,
hablé de lo vivido cuando ella estaba y cuando dejó de pasar frente a mi casa.
Compartí un poco de mi proceso,
y del origen de mi proyecto de vida; de mi origen secreto. 

Cuando terminé mi relato otros continuaron para mi sorpresa...

Los mellizos hablaron de ella como su maestra de baile...
Mi hermano compartió algo sobre su familia...
Mis tías reconocieron que fue ella quien encontró a mi bisabuela cuando tuvo el accidente y pasó a ser una heroína familiar...
Papá mencionó cuanto me amó,
papá evocó el nombre que ella me tenía, relató algunos de nuestros encuentros...
Mamá recordó como me cargaba...
Mi primo dijo que era hermosa, y lo dijo con toda la razón. Los demás coincidieron, Ella era realmente hermosa. 

Esa noche mi historia se partió en dos cuando mi familia me pidió perdón por el trato que le dio a mi duelo. 

Boris Cyrulnik dice "Cuando comprendemos lo que nos ha pasado, tomamos posesión de ello; cuando entendemos lo que ha pasado por la cabeza de nuestro agresor, o de la sociedad, tomamos posesión de nuestra identidad y podemos volver a encontrar un espacio de libertad. Por eso vemos como Chile, por ejemplo, se especializa en la construcción de edificios contra terremotos, o que los italianos se especializan en erupciones volcánicas"

En este sentido comprendí aquel sentimiento que tenía enquistado, tomé posesión del dolor de su partida, de mis dudas, de mis temores, de ese vacío y salí a buscar mi identidad. Me hice. Con su presencia y su recuerdo fui, soy y seré. Soy quien soy por nuestra historia, soy quien soy por su memoria.

Esa noche delante de mi familia lo dije por primera vez a personas diferentes de mi Naranja, mi Croissant y de Lala: mi primer hijo se lo dedico a Ella...


-A quien siento en mis mejillas, en cada chocolate, en cada abrazo, en las ausencias, en los escombros de mi mundo, en los olvidos, en los recuerdos, en las inmensas ganas que tengo de vivir, 
Ella, a la de siempre, a la que habita en cada gota de mi sangre, a mi musa, el ángel que cuida de mi niño, mi primer amor, mi hada madrina siempre presente, a quien no dejaré de extrañar ni de querer;
A Mónica.-






2 comentarios:

Álvaro Andrés dijo...

Conmovedor relato... ahí es cuando el amor se expresa de su forma mas bella.

Se me aguaron los ojos, me recuerda a mi abuela, mi gran amor, tanto así que la única foto de mi habitación es ella.

¡Un abrazo!

valines1 dijo...

Por fortuna hay personas adorables que están siempre con nosotros.

Y por fortuna están con más fuerza justo cuando ya no están.

Yo lo sé.