jueves, mayo 17, 2012

"Lo que digo..."


Llevo días pensando en la manera de acercarme a vos. Te he visto poco y en ese poquito me he dado cuenta de lo grande y valioso que sos. Tu tristeza comienzo a sentirla. Eso me indica que no sos cualquier persona que se cruzó por mi camino. Sos más, sos todo lo que no sé de vos, lo que no sabés de mí, sos vos...

Lo lamento. Tuve que hacerlo. Mis letras no me dejaban avanzar en mis quehaceres nocturnos si no te escribía estas líneas. Lo hago por vos y por mí. 

Te preguntarás quién soy yo y por qué te digo esto. Imagina que estoy parado frente a la puerta de tu casa con un niño muy parecido a mí agarrado de mi mano y te digo: mi niño te quiere decir algo al tuyo, ¿lo dejás salir un momento para que hablen?

Vos y yo nos iríamos a comer costillas por tu casa. No te preocupes por devolverte a tu casa por tu billetera, yo invito. Lo importante es dejar que los niños hablen. Ellos quedarían en el andén, sentados con las piernas cruzadas y sus miradas curiosas como las de los hombres realmente sabios. 

Mientras muchas personas te pueden decir que se preocupan por vos, yo dejo que mi niño lo diga por mí. Aquí donde estoy vivo solo. De noche dejo entrar algunos duendes que me hacen compañía y aunque no lo creas, me cuentan muchas cosas sobre mis amigos monstruos de Cali y Medellín. Desde hace rato me hablan de vos...  

Ellos le preguntan a mi niño por vos, ¿Qué pensás? ¿Qué decís? ¿Qué buscas? ¿Qué mirás? ¿Qué escondes? ¿Qué callás? ¿Qué contás? ¿A dónde vas? ¿Qué pedís? ¿Qué das? ¿Qué te hace falta? ¿Qué perdés? ¿Qué te duele? ¿Qué ganás? ¿De qué tienes miedo? ¿Qué soñás? ¿Qué hay en tu alma?

Sin saber qué responder, mi niño guarda esas preguntas y estando frente al tuyo, frente a vos confiesa: No sé nada, yo sólo te quiero acompañar. 

No sé mucho de lo que te tiene así. Mi niño quiso jugar con el tuyo, con vos, vivir tu ayer y verte crecer. Yo sólo lo dejo que hable a tu corazón. De pequeño a pequeño te enseñaría algunas cicatrices que tiene en su cuerpo y te diría que a todos nos duele, que algunas noches sufrimos, que no estás solo, que la carga se puede compartir y ofrecería sus bracitos para ayudarte a soportar una carga que no puede ver. Sonriendo te diría que todos, hasta el más Ornitorrinco, siempre buscamos lo mismo. Que no estás solo aunque a veces no veas a nadie a tu lado, al menos en una fría ciudad, en una distante habitación alguien pregunta a los duendes por vos. 
Mi niño te prestaría algunos juguetes. Los necesarios para distraer tu pena y verte sonreír. Jugaría con vos hasta el día siguiente. Estaría a tu lado hasta cuando tus ojos se cerraran por el cansancio. Tomaría tu mano, te prestaría su súper héroe favorito de juguete y te prometería que él va a cuidarte. Te confesaría que te puede ver aun cuando no estabas en ningún lugar. Y si se te olvidó jugar, te enseñaría de nuevo todas las veces que sean necesarias. Jugar es lo que repara. 
Te susurraría, procurando que nadie lo escuchara, que está ahí para abrazarte aún cuando no lo dejen hacerlo.  Que no le da miedo llegar hasta dónde estás por más oscuro que esté el escondite donde te guardas cuando la tristeza te alcanza. Chiquitito no hay que llorar...

Te recordaría que no tienes que enseñar a nadie a que te quiera. Que basta con hacer un alto y fijarse en lo que hay debajo de tus cejas para creerlo. Que tus sueños no mienten y que vale la pena invitarlos a volar. 

Esto es lo que puedo explicar como adulto de lo que mi niño te diría. 

Los niños son tan sabios como fantásticos. Basta con dejarlos dos minutos jugando para que reconozcan en el otro a un amigo potencial al que le gustaría conservar para toda la vida. Al mío le pasa eso con el tuyo y con la soltura de la edad te confieso que también me pasa eso con vos. 

Ignoro qué buscas en este momento. Yo sólo te ofrezco mi corazón, y un amigo que se preocupa por lo que vives. Esto es para vos. "No estás deprimido, estás distraído"

El Batichico. 

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