lunes, mayo 28, 2012

Día 21 del reto 2 - Canción para un viaje.

Sólo al final descubrí que lo había hecho. Admito que cuando elegí hacer el viaje, lo hice con la mera intención de aprender... 
...Y así transcurrió mi viaje del héroe:


-En el mundo ordinario tenía un buen trabajo, un hermoso amor, una seguridad envidiable. 
-La comodidad me hizo dudar. Miré mi diario de pendientes y leí el punto relacionado con la vocación: "ser escritor". Ese fue mi llamado a la aventura.
-Duda y el Temor fueron mis primeros adversarios. Duda me dijo que no lo lograría, Temor me dijo que no abandonara lo que había logrado construir con tanto esfuerzos y así permanecí cautivo por un par de años hasta que me encontré con...
-El mentor. Él, o bueno, en este caso Ella me dijo que lo hiciera. En un sueño me enseñó a encontrar varitas mágicas en las botas sucias de los que me buscaban. Su figura elegante, su piel canela, su cabellera negra, su andar, su aullido de loba me dieron la seguridad que bastó para ahuyentar a Duda y Temor y decidí... 
-Cruzar el umbral. Di el salto y todo se dio. 
-Caí en otra ciudad, otra cultura, otro clima, otras personas. Encontré pruebas, una en mi propio hígado, me enfrenté a la soledad, a mi mismo, a un lugar al que sobreviví.  
Y lo más importante, encontré aliados, los mejores que pude tener. Ellos y ellas vinieron de Brasil, de toda Colombia, de España, de Venezuela, de mi pasado, de mi casa, de las entrañas de la misma ciudad que me acogió. A ell@s les sigo agradecido.  
-Fui decidido, bravo y sincero. Tomé riesgos, me lancé,
-No siempre resultó como lo esperé. Pasé por la ordalía varias veces. Caí, me levanté y me encontré sin lugares a donde acudir para llorar. Perdí, luego existí.
-Recuerdo que era un lunes en la noche, uno de los primeros de Noviembre. Me iba a dormir. Apagué la luz y mientras caminaba hacia la cama me reclamé por seguir un sueño que veía lejos, muy lejos. Al día siguiente recibí el correo donde me informaban que mi libro había sido seleccionado para ser publicado. Sucedió tal cual lo dijo Cerati: "Tarda en llegar y al final, al final hay recompensa".
-Pude regresar a casa, el motivo de mi viaje lo había logrado por mi propia cuenta y no por la Maestría que decidí hacer. ¡Ya podía regresar a casa!, sin embargo no lo hice. Eran más los pendientes que al principio y con mi cuerpo me defendía de una quimio voraz. Mi viaje continuó por un año mas.
-Y al año siguiente todo fue superado. Miré hacia atrás y en mi presente me reconocí con dieciocho kilos que perdí, con menos pelo en mi cabeza, con gafas nuevas y una piel que no era la mía. Me vi en dificultades para verme al espejo y fijarme en un cuerpo que no reconocí. Me vi grande, fuerte, adulto, responsable, rebelde, enamorado, Guardián, zorro, memorioso, poco guapo, auténtico, imparable, sobreviviente y VALIENTE. Estaba listo para mi propia resurrección, para hacerle frente a mi propia vida y para volver a casa. 
-Regresé. Traje conmigo el elixir que encontré en el descenso a mi propio infierno. Volví con veneno en la sangre y con todo lo necesario para terminar de expulsarlo. Regresé con mi arma, con el trofeo que fui a buscar sin saber que encontraría mucho más. 

Al final de éste viaje encontré mi cuerpo desnudo, curtido, con nuevas cicatrices. Al final de éste viaje te encontré esperándome paciente. Admiro tu paciencia, tu coraje, tu nobleza, tu confianza y tu comprensión. Agradezco y reconozco tu enorme sacrificio. Al final del viaje quedamos tu y yo renovados. Quedamos los que logramos sonreír en medio de la muerte, en plena luz

Sólo al final descubrí que lo había logrado. Admito que cuando elegí hacer el viaje, lo hice con la mera intención de aprender, y lo hice, aprendí de todo, en especial de mi. 

Ahora estoy aquí, renacido en casa, pendiente al llamado de una nueva aventura, atento al conejo blanco que seguiré a través de un agujero hasta un país lejano...
El Batichico.



"Que protección sentí ayer
aunque afuera vi la lluvia
me dieron ganas de llorar
con la canción que me enseñabas. 
Había olvidado que podía escuchar y ver
recordé, por ti, sentí la música.

Que protección en el mar
aunque las olas me comían
me dieron de ganas de llorar,
tantos secretos escondían.

Había olvidado en el telefono tu canción
y esta noche tienes mas que compartir justo aquí...

...Un lugar nos hace cambiar de opinión
tiempo que me hará regresar con algo de luz
para renacer...

Había olvidado en el telefono tu canción
y esta noche tienes mas que compartir justo aquí...

...Un lugar nos hace cambiar de opinión
tiempo que me hara regresar con algo de luz
...Un lugar nos hace cambiar de opinión
tiempo que me hara regresar con algo de luz
para renacer..."

-Un lugar para renacer, Natalia Lafourcade-





Confieso que estando lejos aprendí que quiero estar a tu lado.


domingo, mayo 27, 2012

Día 20 del reto 2 - Canción para un paseo.



¿Qué tiene...?
En mis sueños corro como un gato sobre los techos. Salto de los balcones, me impuso con las fachadas, me balanceo sobre las barandas de las terrazas, devuelvo el saludo a los seres que me saludan. 
En las noches amo. La oscuridad me contiene. Es mi fiel compañera. 


Salir a la media noche, cuando todos duermen.
Dar una vuelta,
escribir
conocer
aprender
escuchar ruidos que callan ante la luz. 


Extraño esos momentos,
esas compañías,
ese vaso de cerveza en mi mano,
mis botas negras,
esas conversaciones que se dan bajo esas condiciones,
la scooby pandilla,
los amores,
los viejos caminos que llevaban de la Gruta al Desván.
Echo de menos las caras conocidas cuyos nombres jamás conocí,
los cuerpos danzantes,
las sonrisas de felicidad,
los hábitos que mis amigos dejaron en algún bar,
las hamburguesas de hipopótamos,
las canciones interpretadas por amigos que caminábamos abrazados,
Mi soledad, a la que le huía.


Eran días sin miedo. Eramos vos, ellos y yo y nuestras canciones. Era entrar y ser recibido por el Satánico Doctor Cadillac o la Gitana. Era Fatboy Slim, Illya Kuriaky, Moby, Depeche Mode. Era un beso junto a la mesa de billar, comprarle un caleidoscopio a Lady Metal Moon y bailar, bailar, bailar,
Era la ciudad con un frío cómplice, eran las noches nuestras. 




A ella le agradezco cuando me sorprende fuera de casa y me abriga. A ella le pregunto qué tiene que me embriaga, que tanto me inspira... 
Nada mejor que la noche para dar un paseo dentro y fuera de mi. 
El Batichico.


jueves, mayo 24, 2012

«¿Quis custodiet ipsos custodes?»


Aliados.
Me saludan. Me dicen hola y antes de que responda al saludo se desplayan en un monólogo que sé reconocer. Me dicen luego que me extrañan y yo entiendo, extrañan mis sentidos, y me siento como Momo pero cansado, muy cansado.
Me gusta escuchar. Lo hago con gusto. Sin embargo ahora estoy cansado. Me conecto. Los llamo. Los busco. Me saludan. Me dicen hola y antes de que responda al saludo se desplayan en sus monólogos. 
Me retiro. Como un vigilante nocturno me alejo, tomo distancia, tomo aire, busco el silencio, busco la compañía de la oscuridad donde nadie me ve y donde puedo ser. Respiro. 

Villanos.
La noche acaba, el sol me golpea, cierro los ojos y regreso a la tierra. Los brazos de mis prisioneros en Arkham regresan hasta mi. Los sorteo. Los enfrento. Me libero. Lucho duelos salvajes donde siempre terminamos heridos. Ninguno gana. Todos perdemos. 

Aliados.
Suelen apoyarme. Están conmigo cuando es necesario hacerle frente a una situación mayor. Cuando cae la noche me retiro a mis propias batallas. Cuando ellos se ven solos, cuando se ven solas me buscan. Me saludan. Me dicen hola y antes de que responda al saludo se desplayan en sus monólogos. 

Villanos.
La mayoría tiene un carácter hostil. A esos los pateo y al final terminan pagando sus fechorías. Los mas peligrosos me seducen. A estos no sé si besarlos o encerrarlos en Arkham. Éstos me acercan a un mundo extraño donde siento mi fragilidad. 
Como en una pesadilla, ellos crecen cuando pienso que estoy a punto de vencerlos. Ruego que todo sea una mentira, un sueño, algo tonto, pero la enormidad ahoga mis gritos. Me veo solo, entonces busco a mis...

Aliados.
...Y ellos me saludan. Me dicen hola y antes de que responda al saludo se desplayan en sus monólogos. 


Villanos.
Los más peligrosos, los que encantan, pegan donde mas duele y cada vez pegan mas. Ya no me oculto de ellos, hasta los he llegado a tropezar. No sé contra quien voy. Sus caras sonríen, sus miradas atrapan. No son feos. No son humanos. No son demonios. No son. No son. No son.

Aliados.

Tiene conocimiento de los villanos a los que me enfrento. Conocen la forma de sus siluetas como fantasmas. Mis aliados suelen ayudarme. Estallan sus risas y disipan la dudas que traigo colgadas de mi capa cuando vengo de Arkham. 

Villanos.
Vienen de todos lados. Los he visto, son tres en total, ¿O es uno solo con tres rostros diferentes?. Intento razonar con ellos. Paso sin miedo y con la prevención de quien cruza un campo minado. Mido mis palabras. Sudo frío. Cualquier intención, cualquier manifestación, cualquier seña será leída en mi contra. Sin beneficio de la duda doy pasos firmes y siempre tropiezo. Tropiezo y me veo caer. Caigo. Caigo. Caigo. Caigo de espalda al suelo que parece no estar, de cara al cielo que pierdo. 

Aliados.
Otra vez es de noche. Llego a mi lugar de vigilancia. Llego cansado, roto. Ajusto los visores a mis ojos y observo. Una silueta se desliza a mi lado. Es un aliado. Me saluda. Me dicen hola y antes de que responda al saludo se desplayan en sus monólogos. 

Villanos.
Gata. Hiedra. Intelecto.
Una felina que me enreda en su látigo y me arroja al vacío. Una pelirroja que se aplica veneno en los labios y me besa. Un genio que pone trampas en las que suelo caer. 

Gata. Hija. Máscara.
Al ritmo de una gata pasa frente a mi, la sigo y en el callejón mas oscuro me acorrala. La hija Al Ghul me compromete ante su padre y a cambio me regala la Sociedad de las Sombras sin que yo se lo pida. El gran luchador me rompe la columna en su rodilla y me arroja desde lo alto de mi edificio, de mi imperio. 

Gata. Sombrero. Sonrisa.
La veo pasar frente a mi, sonríe, se voltea y sonríe a la joyería que planea asaltar cuando nadie la ve. El hombre elegante con sombrero de copa y traje formal me invita con amabilidad a sentarme en su mesa, sirve un poco de te, un par de galletas, sonríe y espera a que consuma algo, a que el veneno tenga su efecto en mi. Once cuerpos han sido encontrados en una cama, todos con una sonrisa en su rostro y un solo motivo de deceso: se cruzaron en el camino con el hombre que ríe y los hizo felices hasta la muerte.

Muñeco. Barro. Señor.
El títere que alguna vez fue abandonado a mis pies ahora se arroja a los pies de otros y espera que alguien introduzca su mano por su trasero, lo domine y le confirme cuan vacío se encuentra. El hombre de barro toma muchas formas, se transforma, actúa, representa y al final termina desmoronado. El Sr. Al Ghul, amo y señor de las sombras y el conocimiento me invita a ser parte de su sociedad organizada.


Disparo. Hiedra. Cara o sello.
Lo vi como un buen aliado pero él colgó el traje y eligió irse; como mercenario se vende al mejor postor. Ella es pequeña, quebradiza, inquieta, angelical, sensual, espinosa, hermosa, sus besos son letales, ella es explosiva y asfixiante. Ahora si, mas tarde no, después si, luego no, lo que antes era ya no será y lo que puede ser tal vez lo deje de ser, ya no sé a que atenerme con él. 


Aliados y Villanos.
No los juzgo. También soy aliado y villano, uno muy bueno en lo que hago. 
En todo caso te sigo amando.

Yo.
Esta noche cuelgo la capa, no doy mas con esta ciudad, con los villanos, con los aliados, con la noche. No doy ni conmigo mismo. Me necesito. Me hallo sin un Alfred que me soporte, que me diga "te lo dije" mientras curo mis heridas. La soledad es el precio que pago por querer encontrarme tal y como soy. 
Por esta noche mis palabras se acaban. Mi espacio se llena de silencio y de libros con letras que se desvanecen. No puedo llorar. Ahogo mis gritos en el agua que corre por el lavamanos y se lleva mi sangre. 

«¿Quis custodiet ipsos custodes?»
«¿Quién vigila a los vigilantes?»



El B.



jueves, mayo 17, 2012

"Lo que digo..."


Llevo días pensando en la manera de acercarme a vos. Te he visto poco y en ese poquito me he dado cuenta de lo grande y valioso que sos. Tu tristeza comienzo a sentirla. Eso me indica que no sos cualquier persona que se cruzó por mi camino. Sos más, sos todo lo que no sé de vos, lo que no sabés de mí, sos vos...

Lo lamento. Tuve que hacerlo. Mis letras no me dejaban avanzar en mis quehaceres nocturnos si no te escribía estas líneas. Lo hago por vos y por mí. 

Te preguntarás quién soy yo y por qué te digo esto. Imagina que estoy parado frente a la puerta de tu casa con un niño muy parecido a mí agarrado de mi mano y te digo: mi niño te quiere decir algo al tuyo, ¿lo dejás salir un momento para que hablen?

Vos y yo nos iríamos a comer costillas por tu casa. No te preocupes por devolverte a tu casa por tu billetera, yo invito. Lo importante es dejar que los niños hablen. Ellos quedarían en el andén, sentados con las piernas cruzadas y sus miradas curiosas como las de los hombres realmente sabios. 

Mientras muchas personas te pueden decir que se preocupan por vos, yo dejo que mi niño lo diga por mí. Aquí donde estoy vivo solo. De noche dejo entrar algunos duendes que me hacen compañía y aunque no lo creas, me cuentan muchas cosas sobre mis amigos monstruos de Cali y Medellín. Desde hace rato me hablan de vos...  

Ellos le preguntan a mi niño por vos, ¿Qué pensás? ¿Qué decís? ¿Qué buscas? ¿Qué mirás? ¿Qué escondes? ¿Qué callás? ¿Qué contás? ¿A dónde vas? ¿Qué pedís? ¿Qué das? ¿Qué te hace falta? ¿Qué perdés? ¿Qué te duele? ¿Qué ganás? ¿De qué tienes miedo? ¿Qué soñás? ¿Qué hay en tu alma?

Sin saber qué responder, mi niño guarda esas preguntas y estando frente al tuyo, frente a vos confiesa: No sé nada, yo sólo te quiero acompañar. 

No sé mucho de lo que te tiene así. Mi niño quiso jugar con el tuyo, con vos, vivir tu ayer y verte crecer. Yo sólo lo dejo que hable a tu corazón. De pequeño a pequeño te enseñaría algunas cicatrices que tiene en su cuerpo y te diría que a todos nos duele, que algunas noches sufrimos, que no estás solo, que la carga se puede compartir y ofrecería sus bracitos para ayudarte a soportar una carga que no puede ver. Sonriendo te diría que todos, hasta el más Ornitorrinco, siempre buscamos lo mismo. Que no estás solo aunque a veces no veas a nadie a tu lado, al menos en una fría ciudad, en una distante habitación alguien pregunta a los duendes por vos. 
Mi niño te prestaría algunos juguetes. Los necesarios para distraer tu pena y verte sonreír. Jugaría con vos hasta el día siguiente. Estaría a tu lado hasta cuando tus ojos se cerraran por el cansancio. Tomaría tu mano, te prestaría su súper héroe favorito de juguete y te prometería que él va a cuidarte. Te confesaría que te puede ver aun cuando no estabas en ningún lugar. Y si se te olvidó jugar, te enseñaría de nuevo todas las veces que sean necesarias. Jugar es lo que repara. 
Te susurraría, procurando que nadie lo escuchara, que está ahí para abrazarte aún cuando no lo dejen hacerlo.  Que no le da miedo llegar hasta dónde estás por más oscuro que esté el escondite donde te guardas cuando la tristeza te alcanza. Chiquitito no hay que llorar...

Te recordaría que no tienes que enseñar a nadie a que te quiera. Que basta con hacer un alto y fijarse en lo que hay debajo de tus cejas para creerlo. Que tus sueños no mienten y que vale la pena invitarlos a volar. 

Esto es lo que puedo explicar como adulto de lo que mi niño te diría. 

Los niños son tan sabios como fantásticos. Basta con dejarlos dos minutos jugando para que reconozcan en el otro a un amigo potencial al que le gustaría conservar para toda la vida. Al mío le pasa eso con el tuyo y con la soltura de la edad te confieso que también me pasa eso con vos. 

Ignoro qué buscas en este momento. Yo sólo te ofrezco mi corazón, y un amigo que se preocupa por lo que vives. Esto es para vos. "No estás deprimido, estás distraído"

El Batichico.