miércoles, febrero 27, 2013

De Angelitos...


“Heme tendido en esta cama; hace cuanto no lo sé, pues he perdido el apetito y nunca duermo, y afuera hacen unos días oscuros y calientes, como si la ciudad estuviera próxima a la peste; no veo que nada se mueva, a excepción del viento y del polvo que trae el viento. Pero los árboles ni se mecen. El empapelado de las paredes, tan desteñido, me recuerda antiguos veraneos. No digo que no haya salido, pues recorrí las calles de esta ciudad que no reconozco, o digo: que casi ya no reconozco, porque las cuatro manzanas que aún confluyen en la esquina de Mónaco, y las montañas imperturbables siguen siendo para mi referencias. Lo que pasa es que la última vez llegué a este cuarto ( en el viejo edificio donde funcionaba la Alianza Francesa ) agitado con tantos recuerdos, tan desordenados como dolorosos, o más bien. Dolorosos por lo desordenados, que creo que ahora ya no salgo, es un dolor de adentro que no cesa; entonces me he impuesto la urgencia de encontrarles una sucesión, una armonía, que no digamos justifique mi estado actual, pero que al menos neutralice tanto potencial, tanta capacidad de herirme.”

De Andrés caicedo. 

Angelitos empantanados y otras cosas que suceden en Cali.

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