viernes, julio 26, 2013

"Abro Kadabro"

Se me abren ventanas en lugares donde antes no había paredes. 
No, no hablo de pestañas sin ojos. Hablo de demonios disfrazados de humanitarios, de manos que buscan y sueltan, hablo de cosas.  Hablo de cosas que pesan, de otras que callan, de cosa que logro descubrir en los lugares donde antes sólo veía. 

Las escucho en los diminutivos con los que me llaman. En ellos reconozco la solicitud de un favor que se viene en camino. Es también sobre la llave que me fue dada a custodiar en los últimos veinte días de este mes, de la llave del closet donde mi familia guarda los esqueletos. 
Es sobre los millones, los Guardianes y mis ganas de enterrar mis pies en la tierra húmeda. 

Es también acerca de lo que pensaba hacer con lo cosechado y sobre esas respuestas que van llegando solas en los oídos que ahora se me cierran. Gracias. A los ojos que no quieren ver sólo tengo agradecimiento porque me indican que debo continuar en lo mio, y que la cosecha pertenece sólo a la hormiga que trabajó por ella.  

Trabajos duros. Luciérnagas. Estrellas en el cielo que brillan y esperan escuchar deseos. Cosas mágicas. Cuentos. Mujeres pensantes y conocedoras de secretos. Hombres buenos y de vida sencilla. Suave aire. Reyes de algodón. Ricos y pobres. Soñadores. Hombres recolectores de imágenes  y brujas que viven en cabañas en el bosque. Familias grandes. Disfraces. Anillos. Orígenes. Ser o no ser. Calabazas y carrozas. 


Soles sin alma ni corazón de cuyo sistema me retiro. Hablo de lo que pasa en un pueblo que es atravesado por un río donde la brisa ya no es la de antes. En otro momento estaría llorando, de rodillas, lamentándome por el dolor del hallazgo, pero ahora no. No. Ahora agradezco de lo que me libero porque eso me permite tomar distancia, alejarme, alejarme, alejarme y volar más alto en mi propio vuelo.  
Decido también sobre aquello que no quiero. Me alejo, me alejo, me alejo. Cuando elegí abandonar los clichés, vi como decenas de personas a mi alrededor perdían su alma. Fue como quitarle el cigarro a los hombres de gris, hicieron ¡Puff! y se desvanecieron en una nube de polvo. 
Cuando despedí a la última princesa de mi vida, me vi rodeado de mujeres irreverentes, sabias, valientes, luchadoras, con memoria y con la prohibición (enfática) de olvidar. Mujeres que hablan y no juzgan, que en su naturaleza son curiosas y descubridoras, que no se defienden ni siquiera de sus inquisidores. 
Ellas no olvidan, las princesas sí. Mi corazón siempre está con las personas que valoran la memoria. 

Se me abren senderos en lugares donde antes encontraba mares. Es sobre el hacerme cargo, sobre la espera activa, sobre el aprender a caminar de maneras que creí imposibles.
También hablo sobre el rastro que sigo de los árboles. Se me abren raíces que buscan su profundidad donde antes tenía  pies.

Ya no me asusto con lo que encuentro al otro lado del espejo. De hecho, hasta llevo a los pequeños demonios de la mano hasta sus lugares donde sé, jamás podrán volver a salir. Renuncio a ellos y a los grandes también. Ya no me deslumbro con experiencias, títulos ni talentos especiales. 
Mi única pasión por ahora es la vida. Mi regreso es a lo básico. Mi apuesta es por la levedad. Mi interés es por lo que tengo por descubrir. Mi voz, mis palabras, mis letras, lo que guardo hasta el día del regalo. 
Cuento con el amor de quien cree en mi y en mis sueños. No estoy para jueces con pesados martillos. 
Cuento con las palabras de quienes saben callar, con quienes valoran el silencio propio y respetan el ajeno.
Cuento con quien sabe vibrar con el otro, con quien se permite salir al menos un poco de sí mismo. 

De eso hablo, de lo que sigo descubriendo en un proceso donde los resultados no importan, y ni pienso tener en cuenta. 
Me quedo con lo humano, con quien sepa leer personas. Me quedo con lo orgánico, con lo que sabe de ausencias, distancias y facultades. Me quedo con quien logra ser su propia compañía porque de ella será la mía por el resto de mis días. 
Me quedo con quien venga de un mundo que no alcanzo a imaginar. 

B!








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