lunes, septiembre 02, 2013

"Roto"

Una de las primeras, tal vez la segunda que escuché fue: "Me gustas". Luego vino un "Te extraño", "Te deseo", "Eres mi reflejo", "Te extraño hijo mio", "Quiero confiar en ti", "Gracias". Cuando me pidieron que abriera los ojos no obedecí. En ese momento se me abría el alma. La mujer de pelo negro me rodeó, me abrazó y me susurró con fuerza que yo era un hombre muy hermoso. No paraba de repetirlo y sí. En ese momento supe que uno podía susurrar y duro al mismo tiempo. Fue nuevo para mi. Fue raro. Fue hermoso. Además me abrazó. Me sujetó de los brazos y me los frotó con sus manos. Sentí calor, mucho calor. También vida y compañía como hacía rato no lo sentía. Ese momento, esas sensaciones, todo era mio. Era real y absurdo. Era doloroso y cálido. Fuerte. Amoroso. No paraba de llorar. Con mis manos me apretaba la cara, los ojos, bajo las gafas. Me pesaban los parpados. Mi garganta se cerró. Lloré como un crío. No entendía. Sólo lloraba. No veía lo que ella decía de mi. No sé que de lindo tenía mi llanto. Tenía que hablar y no lo logré. Liberé tres: "Sueño con vos", entre llantos y retiradas. Ella no paraba de decirme que era un hombre muy hermoso. Me felicitaba. Yo seguía en lo mio. Ella no paraba de frotarme los brazos. Sólo lloraba. Me encontré en el llanto y me convertí en agua. Fluí. Recorrí. Curé. Sollocé. Tomé aliento y lloré una vez más. Y no, no estaba llorando. Se me descongelaron los polos de los ojos. Me rompí en universos y versos. Fui nada y fui todo. Fui historia, fui dolor. Fui felicidad. "Era al tiempo sol y luna, lluvia y música, era al tiempo risa y llanto y entre tato un hombre que a la vida despertó. Esa parte verdadera que una fábula encantada esconde en sí para hacerse auténtica"1. Confieso que antes de este encuentro, de este abrazo con mi humanidad, pensaba renunciar. La vida me sorprendió una vez más, me encendí de amor bendito y me descalcé porque el suelo que pisé era sagrado. Regresé a mi vida sabiendo que le gustaba a alguien, que me deseaban, que soy su reflejo, que soy el hijo extrañado, que alguien quería confiar en mi, y con agradecimiento absoluto. De nuevo me di cuenta de que estaba en el lugar donde tenía que estar, que había escuchado el llamado de la vida y que el gran Autor tenía un gran regalo para mi, y que para recibirlo, primero tenía que romperme. 






Y más o menos como lo dijo mi amada Maya Angelou; no recuerdo lo que escuché, pero si estoy seguro de que no olvidaré como me sentí.



1. Parte de "Fábula" de Eros Ramazzotti. 

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