sábado, agosto 03, 2013

"La Coca y yo"

La Coca llegó a mi casa esta tarde y se llevó dos de mis gatitos. O bueno, se llevó a dos gatitos. Creo que nunca fueron míos. Sólo los encontré, me encontraron, nos encontramos.
Jack halló al ceniciento. Yo a los demás. 

Esta tarde quise quedarme y esperar a que las sombras se fueran, pero el ceniciento me dijo, como en los cuentos: todo estará bien. Te has esforzado, hemos luchado. Sal. Yo haré el resto. 

Salí. Fui a buscar mi sonrisa para recargarme y regresé en la noche.

Revisé al ceniciento y lo encontré dormido, calientito como nunca antes lo había sentido. Entonces supe que la Coca se había ido.

Ella es el frío. 
Ella no es ninguna criatura mágica, en específico. 
Y este invierno fue malo.

Según las criaturas de los bosques, ella es la atmósfera depresiva de los inviernos que vienen del norte, así como la crudeza de este, por eso ella da tanto miedo y congela todo a su paso. Ella es un monstruo que congela lo que toca, irrita soledades y hace que la tristeza se expanda en su andar. 
Ella sólo busca el fuego y la compañía, y en su búsqueda hace cosas que ni los habitantes del bosque ni yo logramos entender. 

-Es posible que el ceniciento sea el portador del mensaje del que te hablé- dijo el mago cuando regresé a casa -recuerda que los animales son poseedores de un deseo. No es  gratuito que encuentres cuatro gatitos y mueran tres. ¿Uno logra pagar tu deseo?, ¿Tu  deseo se logra con un solo objeto o siempre sientes que faltó?

-Soy de uno solo en todos los casos- respondí -es un asunto de integración y de fidelidad bastante marcado. 

-Perfecto. Ceniciento, el gatito sobreviviente encaja muy bien. Sólo es  uno. ¿Crees que el sistema  asesino los otros tres para dejar a éste de tu lado?

-Ahora que lo pienso, sí. Con ellos me enfrenté al frío. Por estos días me enfrento a mi propio invierno.

-¿A dónde fuiste cuando saliste de casa, esta tarde?- preguntó el mago.

-A luchar contra mi propio frío.  

-¿Y como te fue?

-Se hizo añicos. Estalló en escarcha. Gané. Le gané a mi propia Coca. 

-Entonces ganaste al ceniciento también. Prepárate para el invierno que se termina. 



El gatito finalmente falleció.



viernes, agosto 02, 2013

"I Kafka You"

Cierta vez, en el año de 1923, mientras Kafka paseaba junto a su mujer Dora Diamant por el parque de Steglitz en Berlín, se encontró con una niña que lloraba desconsoladamente porque había perdido su muñeca. El escritor no soporto ver a la niña llorando, así que se acercó a ella y le dijo que su muñeca no se le había perdido sino que había salido de viaje.

Como la niña insistía y le preguntaba cómo sabía eso, él le aseguró que había recibido una carta de ella, pero que había olvidado traerla consigo. Y le prometió que si volvía al día siguiente a esa hora, él le llevaría la carta.

A partir de ese momento Kafka se convirtió en el “Cartero de muñecas” y mantuvo la ilusión de esa pequeña por dos semanas. Cada día se acercaba con una carta distinta, enviada desde diferentes ciudades: Londres, París o el propio Berlín. Kafka le leía en voz alta las misivas, y fue una grata ilusión para la chiquilla, hasta que llegó el final. Un desenlace menos brusco que el principio de la historia. En la última carta la muñeca le aseguraba a su amiga que se casaba y que por ese motivo no podría escribirle más. 



Tomado de "Revista Literaria La Noche de las Letras"