miércoles, febrero 11, 2015

"Hay"

Estoy cansado y quiero dormir. No, no puedo. Tengo horror en vida. El espanto se propaga. Crece como otra piel. Se instala en la lengua y no hay sabor que lo disimule. Horror en los labios. Horror en la lengua. Horror en la saliva. Me abraza con otros brazos. Cubre mi propio olor. Me niega las caricias. Me encierra. Ahoga mis latidos. Horror en los orgasmos. Horror en el gusto. Horror en las venas. Horror en las promesas. Horror en el calor. En los panteones y salones de baile ya no me ven. Aprendo de nuevo. Despierto en mi cama con una espalda nueva. Horror en mi almohada. El miedo camina conmigo. Pensé que no podría comer, escribir, comer, rezar y amar. Que ya no era apto para sufrir, escapar o mentir. El horror purifica. El espanto me obliga a ponerme de pie, a sacar la fuerza, a apoyarme en el machete, a limpiarme los ojos. Con él, la firma se hace salvaje. Hay horror en mi sangre. Horror en mi cuello. Horror en mi llanto. Horror en mi voz. Horror en la muerte. Horror en la memoria. Horror en la mañana. La noche, con relámpagos y truenos, disipa las sombras, las hace correr, escalar y aullar. Veo horror en las retinas. Horror en el éxtasis. Horror en el olor, en las frases ingeniosas, en el oro de la tierra. Horror en el tiempo, el estómago y la garganta. Como en la arena de las manos, como en los pelos de la cobija, como en el café y el helado. En la caja junto a la puerta, con un cuadro de Poe. Yo me pongo contento. Me voy contra el horror. Apreto a mi amor en mi pecho. Con toda mi alma. Doy lugar a la caja. Pongo palabras en las muñecas que quisieron llorar. Armo una carpa en el borde de la montaña donde habita el nuevo rey. Yo me pierdo en la calma. Me pierdo en la sábana. Yo arreglo mi ropa. Hay silencio en la casa. El perro no lo huele pero ahí está. Ya no hay destrucción ni daños. Los recuentos terminaron. El horror me visita. Hay horror en el olvido. Horror en el computador número 4, junto a la ventana, en la esquina. Cierro los ojos y lo veo junto a la puerta. Me dice que salgamos a jugar, que lo olvidemos. Me extiende su mano. Sonríe y quiere que nos perdamos. Ya no me parte en dos o tres. Hay noches de luna menguante en las que hablo diferente. Ya puedo comer. Ya puedo escribir. Como, rezo y amo. Ya puedo sufrir, aullar, pelear, escapar, vivir, amar, tejer y sembrar. El fuego camina conmigo. 


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