domingo, junio 28, 2015

Alice’s Adventures in Paperland with Moleskine

 “Carta al Conejo Blanco”
Conejo Blanco:

Cada cual inventa sus símbolos para las cosas que cree importantes. Por ejemplo, tú eres mi símbolo del amor. El amor. Eso que llaman amor. Algo enorme que nos obliga a salir de nosotros mismos para meternos en un espejo, es decir, en la otra persona, la que amamos.

Pero nos confundimos tanto, sufrimos visiones. Siempre buscando una pareja que sepa acompañarnos, ansiando cierta boca deliciosa.

Así andamos por la vida, tropezando con una nube, con una cruz, una pared, palabra, pluma, piedra, agua, fuego, fruta, aire... En cualquier cosa se puede convertir un amor que creímos cierto. Luego nos damos cuenta de que nos habíamos equivocado. Y seguimos buscándolo aún.

Pero yo encontré la fórmula perfecta: el amor es un conejo blanco con chaleco a cuadros y con reloj de cadena, que va corriendo y murmurando: “¡Llego tarde! ¡Llego tarde!”.

Cuando lo veo no tengo dudas y lo sigo. Lo dejo todo y voy tras el conejo blanco. Cuando él se lanza por un hueco, yo ni lo pienso, me tiro detrás. Voy cayendo, cayendo, cayendo por un túnel lleno de avisos. Hasta que me encuentro en un lugar extraño, donde aparecen seres fabulosos, pero que no tiene salida visible. Allí crezco y me achico hasta desaparecer. Subo y  bajo. Hasta el cielo y contra el piso. Y solo cuando mis lágrimas forman mar a punto de ahogarme, entonces es que se abren las puertas y entro al País de las Maravillas... ¡El amor!

¿Te das cuenta de que solo puede conducirnos el que se identifique contigo? Porque el mundo está lleno de personas, pero solo una tiene el amor que necesitamos. Porque hay millones de conejos blancos, pero solamente uno lleva chaleco y reloj y murmura: “¡Llego tarde!”... Ese eres tú y cuando te veo, entonces no tengo dudas. Me entrego.

Pero, ay, mira que te pierdes. Desde que Alicia te descubrió todos estamos buscándote. Pero, ay, Conejo Blanco, qué difícil te vuelves.

Ivette Vian




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