miércoles, febrero 25, 2015

"Noche sin luna"

No me gusta cuando mencionan el circo del sol, ni pensar en que viene a Colombia. 
Saber que no soy el único que piensa eso me da un poco de alivio, aunque no el suficiente. 
Cuando me lo mencionan, en mi cabeza aparecen las mismas preguntas infantiles de hace algunos años... aparece un ¿por qué?, algunas otras preguntas, sensaciones, sin-respuestas, incertidumbres y un vacío en el pecho que nadie ni nada me consiguen responder. 
No me gusta pensar en el circo del sol. A Él le agradezco que no usara animales en sus funciones, sin embargo no es suficiente. La humanidad le falta y me refleja esa falta en mí. Tampoco es su culpa. Ni tampoco de sus colores llamativos ni de sus artistas ni su música.
No me gusta pensar en el circo del sol. Ni recordar lo que sucedió cuando alguien viajó a verlo y nunca regresó. 
Las noches de homenajes y preguntas son largas y dolorosas. 
Las noches sin luna se llenan de preguntas. 
Las noches sin luna ya no me dan miedo, ni rabia, ni nada. Creo que estoy más allá, más al fondo de todo esto. En las noches sin luna me veo sin piel, acurrucado en una esquina donde solo hay silencio y ruinas de algo que nunca me detengo a identificar. Veo también viejas facturas que no llegaron a mi puerta, sino que llegaron a ese lugar.
No me gustan los reencuentros con viejos amigos ni compañeros. No me gusta volver a viejos conocidos y ver cuanto he dejado para crecer. Algunas veces me asusto cuando reconozco, en los dichosos reencuentros, que he perdido incluso algunas partes de mi que solía amar o necesitar. Me ocurre lo mismo cuando tengo noticias del circo del Astro Rey. Siempre me queda la sensación de vacío en alguna parte del cuerpo que no logro expresar con palabras. Sólo siento lo que no está y no sé nombrar, siento el mensaje que no llegó, la palabra que no fue pronunciada, el abrazo que se escondió, la nada que devora desde adentro. 
En las noches sin luna la vida no me falta. El aire sí. En las noches sin luna el circo del sol me llega y se instala sobre mi casita elemental. Jack duerme y ahogo el agua para que él no se despierte y pueda descansar. 
Le he dicho que se vaya pero no lo hace. Lo invito a pasar, pero temo que se quede. Le escribo para exorcizarlo. Lo abrazo para que no me duela. Soy quien soy por nuestra historia. Soy quien soy por nuestra memoria. Todo cabe donde la nada ha dejado su mordida.

miércoles, febrero 11, 2015

"Hay"

Estoy cansado y quiero dormir. No, no puedo. Tengo horror en vida. El espanto se propaga. Crece como otra piel. Se instala en la lengua y no hay sabor que lo disimule. Horror en los labios. Horror en la lengua. Horror en la saliva. Me abraza con otros brazos. Cubre mi propio olor. Me niega las caricias. Me encierra. Ahoga mis latidos. Horror en los orgasmos. Horror en el gusto. Horror en las venas. Horror en las promesas. Horror en el calor. En los panteones y salones de baile ya no me ven. Aprendo de nuevo. Despierto en mi cama con una espalda nueva. Horror en mi almohada. El miedo camina conmigo. Pensé que no podría comer, escribir, comer, rezar y amar. Que ya no era apto para sufrir, escapar o mentir. El horror purifica. El espanto me obliga a ponerme de pie, a sacar la fuerza, a apoyarme en el machete, a limpiarme los ojos. Con él, la firma se hace salvaje. Hay horror en mi sangre. Horror en mi cuello. Horror en mi llanto. Horror en mi voz. Horror en la muerte. Horror en la memoria. Horror en la mañana. La noche, con relámpagos y truenos, disipa las sombras, las hace correr, escalar y aullar. Veo horror en las retinas. Horror en el éxtasis. Horror en el olor, en las frases ingeniosas, en el oro de la tierra. Horror en el tiempo, el estómago y la garganta. Como en la arena de las manos, como en los pelos de la cobija, como en el café y el helado. En la caja junto a la puerta, con un cuadro de Poe. Yo me pongo contento. Me voy contra el horror. Apreto a mi amor en mi pecho. Con toda mi alma. Doy lugar a la caja. Pongo palabras en las muñecas que quisieron llorar. Armo una carpa en el borde de la montaña donde habita el nuevo rey. Yo me pierdo en la calma. Me pierdo en la sábana. Yo arreglo mi ropa. Hay silencio en la casa. El perro no lo huele pero ahí está. Ya no hay destrucción ni daños. Los recuentos terminaron. El horror me visita. Hay horror en el olvido. Horror en el computador número 4, junto a la ventana, en la esquina. Cierro los ojos y lo veo junto a la puerta. Me dice que salgamos a jugar, que lo olvidemos. Me extiende su mano. Sonríe y quiere que nos perdamos. Ya no me parte en dos o tres. Hay noches de luna menguante en las que hablo diferente. Ya puedo comer. Ya puedo escribir. Como, rezo y amo. Ya puedo sufrir, aullar, pelear, escapar, vivir, amar, tejer y sembrar. El fuego camina conmigo.